-No me gusta deberle nada a la gente – susurra Pec al pasar a mi lado. - Pero supongo que con esto la balanza se equilibra, incluso se inclina un poquito a mi favor.
-Lo habría hecho tarde o temprano.
-¿Aunque eso supusiera tu expulsión del complejo?
Levanto la mirada levemente hacia Pec. ¿Por qué hace esto? ¿A caso pretende que yo le deba un favor? ¿Considera eso algo valioso?
-Tienes tres minutos. Lo pararé pasado ese tiempo.
Asiento con la cabeza y compruebo como Bruce me fulmina con la mirada al otro lado de la sala.
-¿Qué te ha dicho?
Julian se aproxima a mí, junto con Royce.
-Que no lo mate. - contesto lo suficientemente alto como para que Bruce me escuche, sin apartar la mirada de él.
Su boca se eleva en una sonrisa irónica, lo que aumenta en mi interior el deseo de matarlo.
Pec no tarda en establecer el orden de las parejas. No me sorprende descubrir que estoy en el último lugar. Supongo que una vez acabado mi combate, Pec tendrá que llevarnos a alguno de los dos arrastrando hasta el hospital.
-Ten cuidado – susurra Royce cuando regresa del círculo, tras haberle dado una breve pero intensa paliza a Mike, el veraz. - Al parecer ha estado entrenando mucho más duro desde que tu hermana está en el hospital.
-Supongo que tenía miedo de que este momento llegase. - susurro. Y camino con decisión hacia el centro del círculo, donde Bruce me espera.
Su sonrisa me hierve la sangre. ¿Qué debería hacer? A partir del primer golpe, solo tendré tres minutos. Tres minutos en los cuales, Pec no me detendrá. Voy a hacer que sufra.
-Tenías ganas de que llegase este momento, ¿verdad?
Dejo que mi mente piense con anterioridad. ¿Qué debería hacer en primer lugar? ¿Atacar o defender?
-¿Qué tal está la erudita de tu hermana?
A la mierda el pensar.
Su táctica, obviamente más inteligente que la mía, era provocarme para atacar en primer lugar. Por eso, él está preparado y esquiva mi patada al aire sin esfuerzo. Pero no acaba ahí, sino que golpea con fuerza cuando mi pierna pasa junto a él, y el golpe en el gemelo me hace caer de bruces al suelo.
Mierda. Levántate, Eleanor, no seas estúpida. No pierdas tiempo.
Veo sus intenciones con demasiada claridad, incluso estando boca abajo, por lo que ruedo hacia un lado para esquivar la patada. Con el pie en el aire, le es imposible atacar. Y también lo es el esquivar mi pierna, que golpea su tobillo con toda la fuerza que tengo.
No puede mantenerse y cae al suelo, mientras que yo me levanto con delicadeza, sacudiéndome el polvo de las piernas. Estoy tentada a golpearle desde arriba, pero, por una extraña razón, me alejo de él un par de pasos. Si voy a ganarle, será limpiamente, y no como él, que siguió pegándole a mi hermana cuando ésta ya estaba inconsciente.
Esa imagen se queda grabada en mi cabeza mientras lo observo levantarse. Uno frente al otro, giramos en torno a la plataforma mientras resuenan los gritos de mi hermana en mi cabeza. ¿Cómo es que no fui capaz de interponerme entre ambos? ¿Por qué Pec no detuvo el enfrentamiento antes?
Hago un amago de atacar por la izquierda, y aprovecho su confusión para darle una fuerte patada en el pecho. Se lleva ambas manos al lugar en el que le he golpeado y se levanta, con dolor, justo para recibir otro golpe en el costado.
Se tambalea un poco, pero no llega a caer.
Sin preocuparme de mi propia defensa me acerco hasta él con paso decidido. Por su culpa, mi hermana podría haber muerto.
¿Es eso por lo que estoy cabreada?
¿O es porque con ello me atacaba indirectamente a mí?
-No vuelvas... - susurro entre diente, respirando entrecortadamente fruto del esfuerzo y la rabia que me recorre por dentro.
Justo cuando su cara se gira para observarme, le doy un puñetazo en el centro de la cara, seguido de una patada en la espinilla que lo hace volver a caer.
Se pone de rodillas, y no lo pienso dos veces. Mi pierna vuelve a golpearle justo en la boca.
-¡No vuelvas...!
Su cuerpo cae de lado con un golpe seco y me agacho para cogerlo del pelo. Estampo su cabeza contra éste una y otra vez, recordando las patadas que le dio a aquel inocente bulto que yo tenía por obligación proteger.
-¡NO VUELVAS A TOCAR A MI HERMANA!
Siento sus manos aferrarse a mis hombros en un movimiento desesperado por defenderse y caigo de espaldas al suelo. Puede que yo tenga fuerza a la hora de golpear, pero él puede levantar objetos pesados sin casi inmutarse.
El dolor del impacto me recorre la espalda, y ahogo un grito de dolor. Bruce aprovecha estos segundos para bloquearme y golpear una vez tras otra mi cara. Siento la sangre recorrer mis mejillas y abro la boca angustiada por la necesidad de respirar. Me ha roto la nariz, y la boca poco a poco se me llena de sangre.
Le escupo, manchando aún más su rostro de sangre, e intento rodar, pero mi cintura está fuertemente sujeta bajo el peso de sus piernas, al igual que mis brazos.
Estoy atrapada. No dudará en matarme y, sin embargo... No puedo rendirme tan fácilmente.
Cierro los ojo unos segundos y veo a Stan sobre mí.
-¿Qué tienes que hacer?
-Girar. Golpearle con las piernas.
-No puedes – susurra cogiéndome del cuello, pero sin llegar a apretar. - Usa otras vías. Eres demasiado calculada. Te comportas como una erudita peleando. ¡Eres una erudita!
-¡AGH! - todo mi cuerpo chirría cuando doblo peligrosamente la columna para aproximarme al rostro de Bruce, sorprendido.
La fuerza del impacto de nuestras cabezas es más que dolorosa, pero estoy mentalmente capacitada para soportar ese dolor.
Salgo de debajo de Bruce y, apoyada en una mano, le vuelvo a golpear con el pie en la cara.
Esta vez, no pienso dejarle que se levante.
Bloqueo sus manos para que no pueda rendirse y comienzo a golpear su rostro. Toda la rabia que una persona pueda sentir. Eso es lo que llevo ahora mismo en mi interior.
No soy una erudita.
No peleo como tal.
No permitiré que nadie vuelva a atacarme.
No permitiré que Bruce vuelva a mirarme siquiera.
No permitiré que mi hermana vuelva a recibir un golpe de este individuo.
No permitiré que Chloe sea atacada en mi lugar.
Los puños comienzan a sangrarme, pero no me importa. Me siento plenamente satisfecha. Le estoy dando la paliza de su vida ¿Qué se siente cuando eres físicamente incapaz de pedir una rendición? ¿Qué se siente cuándo tu posición física te impide lograr algo tan simple como levantar una mano.
Porque ahora sé lo que se siente cuando consigues una venganza.
Y ahora conozco la satisfacción que lograste al dejar a mi hermana inconsciente.
Y por ello, te odio más aun, Bruce.
-¡Déjalo en paz! ¡Se está rindiendo!
Siento un fuerte empujón en el cuerpo que me devuelve a la realidad. Frente a mí ha aparecido una chica de tez morena y pelo anaranjado, con un rostro lleno de furia. La reconozco, es...
-¡Apártate de ella!
Un chico de mediana estatura se sitúa entre ambas y tardo un par de segundos en reconocerlo. A decir verdad, solo lo hago cuando por detrás, Royce me sujeta con fuerza contra su pecho.
-Apártate, cordial. - la voz de la chica está llena de amargura, pero no me extraña después de haber visto como he estado a punto de matar a su primo.
-Soy osado. - Julian suena más que satisfecho al decir estas palabras, y su voz se hace real en toda la estancia. Es una voz poderosa y orgullosa. ¿Quién lo diría, cuando hace apenas unas semanas era un tímido e indefenso trasladado de cordialidad?
-¡Su monitor le estaba gritando que se detuviese! ¡Ella no ha obedecido!
-¡Ella no era consciente!
-Atrás, Estella. Yo me encargaré de los errores de mi iniciada.
Pec ha entrado en el círculo y me fulmina con la mirada.
Estella. Ahora que lo pienso, ¿qué hace aquí? ¡Ella es una iniciada osada!
-Marchaos todos. - escucho decir a Pec, y siento como un gran grupo de gente sale de la sala de entrenamiento. Ahora que miro mejor, hay el doble de gente que lo habitual. ¿Qué hacen los iniciados osados aquí? - Y tú, llévate a tu primo al hospital.
Estella, sin dejar de mirarme y junto a un compañero, ayudan a Bruce a ponerse en pie y, prácticamente, se lo llevan a rastras.
-¿Y vosotros?
-No – responden Royce y Julian al unísono.
-Está bien. Alguien tendrá que llevársela.
Me atrevo a levantar la mirada hacia Pec y, justo en ese momento, recibo un fuerte golpe en el diafragma que me hace caer.
El dolor es horrible y me quedo sin aire en los pulmones. Intento inspirar, pero algo extraño ocurre. Mis músculos no reaccionan. Tan solo siento como el aire me acaricia sin poder atraparlo.
-Me debes una – susurra en mi oído, dejándome allí, sin poder respirar.
-¡Pec! – la grave voz de Royce me sobrecoge.
Emito un extraño sonido, debido a la falta de aire e intento toser. ¿Qué me ha hecho?
-¡Eleanor! - los delgados dedos de Julian aparecen en mi campo de visión, volviéndose borrosos. - Royce, ayúdame. ¡Eleanor, respira! ¡Dale la vuelta!
-No. Se ahogará.
Noto sus manos alrededor de mi cintura, que me elevan un poco para conseguir que me siente.
-Joder. No sé qué es. ¡Pec! ¿Qué le has hecho?
-Tranquilo.- Su voz suena lejana. - No creo que muera por el golpe.
-Capullo – susurra Royce.
-Royce, ¿qué es? ¡¿Qué hago?!
-¡Callarte!
Me ahogo. Maldita sea, me ahogo.
-¡Ayúdame a darle la vuelta!
Me dejan suavemente sobre el suelo y Royce se acerca a mi cara. Abro mucho los ojos cuando pega su boca a la mía. Intento moverme, pero Julian me da la mano, fría como el hielo, e intenta dedicarme una mirada tranquilizadora, aunque es difícil con el rostro tan pálido.
-Tranquila, aguanta un poco, Eleanor.
Siento una corriente de aire llegar a mis pulmones, e intento atraparla rápidamente. Pero al ser tan escasa, da paso a la histeria.
-¡Tranquila!
De nuevo una más, y otra, y poco a poco, comienzo a ser capaz de tomar aire por mí misma, aunque es demasiado escaso.
-Le entra el pánico – susurra Royce, separándose de mí. Y me ayuda a incorporarme hasta quedar sentada.
Poco a poco, mis ojos comienzan a cerrarse, demasiado agotados por el cansancio. Por favor, que esto acabe ya.
-¡Eleanor, no te duermas!
Siento un tirón de mi cuerpo, y el pecho de Royce se pega a mi espalda.
-Respira conmigo – susurra a mi oído, y siento como toma una gran bocanada de aire.
Intento imitarlo, pero acabo tosiendo, dejando que la histeria mi inunde nuevamente.
-¡Vamos! Tú puedes hacerlo, Eleanor. - Julian se deja caer frente a mí, de rodillas, con los ojos llenos de lágrimas.
-Suelta el aire, Eleanor. Y, muy despacio, vuelve a cogerlo.
Intento que mi pecho siga el movimiento del de Royce y, poco a poco, todo a mi alrededor desaparece, salvo su calor corporal y sus movimientos. Siento que su mano derecha se une a la mía con cuidado y, aunque en un momento siento la necesidad de apartarla, acabo por aferrarme a ella desesperadamente.
-¿Recuerdas nuestra conversación de ayer? – pregunta en mi oído mientras sigo respirando junto a él. - Esto no lo haría un amigo. Un amigo se dejaría llevar por la situación, como es el caso de Julian.
Intento concentrarme en sus palabras, pero éstas acaban escapando de mi cabeza. Y, poco a poco, me dejo llevar por completo.
-¡No te duermas! - su mano aferra la mía con más fuerza. Pero no puedo hacerle caso. Estoy demasiado agotada. Demasiado exhausta. Aprieto su mano un momento para después dejarme llevar.
-No puedo... - susurro mientras sigo el ritmo de su respiración – Necesito... Quiero...
Y me dejo llevar.
Cuando abro los ojos, me encuentro en una sala blanca con cortinas. A mi lado, sentado en una silla y con la mano aún aferrada a la mía y pacíficamente durmiendo, se encuentra Royce. Mierda.
Intento soltarme de su mano, lo que hace que se despierte.
-Por fin – susurra, y observa con el ceño fruncido su solitaria mano. - Las viejas costumbres no cambian, ¿no?
-Gracias – susurro haciéndome un ovillo y escondiendo ambas mano.
-¿Cómo has dicho?
-No me hagas repetirlo – frunzo el ceño, mosqueada. ¿No le basta con escucharlo una vez?
-No ha sido nada – su enorme mano pasa por mi cabeza, despeinándome. - Es lo que hacen los amigos, ¿no? Por cierto, han tenido que volver a coserte. Cuatro puntos justo en la frente, por el cabezazo que le diste a Bruce. Por cierto, fue muy bueno.
-Lo sé – susurro agachando la cabeza. Maldita sea. No quiero decir gracias, pero la ocasión lo merece. ¿Cuántas veces piensa salvarme este chaval?
-Y te rompiste la nariz, para variar. Aunque Bruce está mucho peor. Al parecer va a pasar una larga temporada hasta que vuelva. Le diste su merecido.
-Podría haberle hecho mucho más.
Sus ojos se enfrían de forma espeluznante tras mi comentario.
-¿Qué pasa?
-Te dije que tuvieras cuidado.
-No lo he hecho mal. - ¿Quién se cree que es?
-Eso también incluía a Pec, Eleanor. En la vida real, no puedes quedarte tranquila cuando parezca que has derrotado al enemigo. Bajas la guardia muy rápido. No puedes descansar entre batalla y batalla. Deberías de saberlo.
-Menudo sermón. - respondo con altanería.
-Tan solo estoy preocupado. Quién sabe qué habría pasado si Julian y yo no nos hubiésemos quedado.
Es cierto. ¿Qué habría ocurrido? ¿Me habría dejado Pec allí? ¿Habría muerto?
-Por cierto, tu hermana está preocupada.
-Oh, mierda. - me golpeo la frente con el dorso de la mano, lo que hace que un intenso dolor me atreviese el cuerpo - ¡Ay!
-Pero mira que eres tonta – comenta con ligera diversión.
-Odio cuando confabuláis algo entre ambos. - susurro, mordiéndome la comisura del labio.
-Que tengamos algo sobre lo que confabular es culpa tuya.
Royce aparta la cortina que hay detrás de él y, al otro lado, aparece una Chloe bastante sonrojada y un chico rubio sentado a los pies de su cama, riendo a carcajadas.
-Y que lo digas – comento con voz agria. - Se la ve súper preocupada.
-¡Eleanor! - Chloe salta de la cama y llega hasta mí para abrazarme con fuerza.
-¡Oye! ¡Que se supone que estás enferma!
-Ya no. Me dan el alta esta tarde. Por cierto, este es Dareon.
Miro al chico, que aún sonríe. Alto, dentadura perfecta, labio inferior perforado por varios piercings, pelo rubio que contrasta marcadamente con su ropa negra y sus profundos ojos azules. ¿Por qué me es tan familiar?
-Vaya, vaya. - su voz suena como la típica de un chico que ha pasado toda su vida en Osadía, lo que me pone bastante celosa - Pero si es la chica que le ha dado una paliza impresionante a un chico de su grupo. Al fin tengo el placer de conocer su nombre, primera saltadora, o Eleanor.
Mierda. Claro que me suena. Ese maldito tono educado y cargado de ironía...
-¿A quién le has dado una paliza?
Miro a Royce, que se encoge de hombros. ¿No le ha dicho nada? ¿Tendré que tragarme yo el marrón?
-Sólo le he dicho que te mareaste justo después del entrenamiento – susurra Royce, lo suficientemente alto como para que tan solo yo lo escuche con claridad.
Le dedico una gélida mirada en el momento en el que mi hermana vuelve a formular la pregunta, aunque esta vez, con un ligero tono de enfado que no le pega en absoluto.
-A Bruce. - responde el chico rubio como si nada, con esa estúpida sonrisa aún grabada en la cara. Pasa sus brazos por detrás de su cabeza y se deja caer sobre la cama de mi hermana.
Habrá que ser...
-¡¿Qué?! ¿Has peleado contra él?
-¿Y qué querías que hiciera? - estallo, a la defensiva - ¿Que me quedara de brazos cruzados mientras ese chico me daba otra paliza como a ti?
El rubio ríe por lo bajo, lo que hace que me den más ganas de saltar sobre él y borrarle esa sonrisa de un puñetazo.
-¿Y qué le pasa a Pec por la cabeza? ¿Acaso no sabe que podríais haberos matado el uno al otro?
-Normalmente, se eligen los combates por sorteo. Aunque, esta vez ha sido una grandísima coincidencia...
-¿¡Quieres callarte!?
-Es cierto, deberías callarte. - Royce apoya una mano sobre mi hombro derecho. - Ahora que está a punto de acabar la primera ronda, es normal que los instructores decidan enfrentar a los más fuertes para afianzar quién quedará en primera posición.
-Tu novio tiene razón – responde con indiferencia el chico.
-¡No somos pareja! - noto como mi cara comienza a arder.
-Eso mismo – susurra Royce a mi lado, apartando la mano de mi hombro, lo que me deja una extraña sensación de soledad.
-Lo que digas, chica.
-Eleanor...
La apagada voz de mi hermana hace que todos nos fijemos en ella. No ha dejado de jugar con sus uñas mientras discutíamos. Me fijo mejor en su aspecto y me alegra ver que está mucho mejor, casi recuperada. Si le hubiera pasado algo... ¿qué habría sido de mí? Es cierto que no he venido mucho a verla, y que he seguido centrada en entrenar, en hacerme más fuerte. Pero, sin ella... ¿tendría algo por lo que luchar?
Cuanto más tiempo pasaba con los osados, menos la echaba en falta. Una parte de mí, siempre deseó que se marchase a cordialidad, siempre deseó liberarse de la obligación que supone el protegerla. En el fondo, siempre desee ser libre. Pero, en cuanto cruzaba las puertas para entrar en esta habitación tan blanca, y volvía a reencontrarme con su sonrisa, me daba cuenta de que no podría vivir sin ella. Al fin y al cabo, es la única persona que verdaderamente me importa.
-¿Qué ocurre? - hago un esfuerzo sobre humano para levantar mi magullado cuerpo y aproximarme hasta ella, aferrándome a sus diminutas manos.
Guarda unos minutos de silencio antes de hablar, sin dejar de acariciar mis destrozados nudillos con los que golpee la cara de Bruce.
-Dime que no ha sido una venganza.
Es una pregunta estúpida. Ella sabe cuál es la respuesta, sabe que desde el momento en el que le puso un dedo encima he querido darle la mayor paliza de la historia. Entonces, ¿por qué quiere que le diga lo contrario? ¿Para qué mentir?
No conozco las razones, pero si es lo que ella quiere... Estoy a punto de responder que tan solo lo hice para sobrevivir, para quedar delante en la clasificación, pero la fría y socarrona voz de su nuevo amigo no me lo permite.
-La verdad, querida Chloe. Tu hermana parecía la persona más feliz del mundo mientras le daba tal paliza a aquel pobre chico.
-Creo que tú y yo no nos vamos a llevar muy bien, tercer saltador.
-¡Eh! - el chico se incorpora para mirarme con el ceño fruncido, aunque sigue existiendo algo de diversión en sus ojos – Yo habría sido el primer saltador si no te hubieses lanzado tan rápido.
-¿Y a qué esperabas? ¿A una invitación?
-Pero, ¿a qué estás jugando?
Ambos dejamos de lanzarnos miradas de odio y volvemos a fijarnos en mi hermana, que ha bajado la mirada y aprieta con fuerza los dientes.
-¿Qué? - pregunto, soltando sus manos.
-¡Deja de querer vengarte! Entré a Osadía, no puedes evitar que pase por la iniciación, Eleanor. Si en ella se incluyen golpes, los recibiré – levanta la mirada y me observa con lágrimas en el borde de los ojos - ¡Aceptaré las consecuencias de mi decisión!
-Estabas inconsciente mientras él te golpeaba, Chloe. - noto como la furia asciende por mi cuerpo al recordar esos angustiosos segundos - ¿Tampoco puedo vengarme por ello?
-Quiero que dejes de tratarme como a una niña pequeña. ¡Quiero dejar de ser una inútil!
-Esos golpes iban dirigidos hacia mí, Chloe. No me pidas que fingiera que no había pasado nada.
-¿Tanto te cuesta? - las lágrimas acaban desbordándose y discurren por sus pálidas mejillas.
-¡Ey! No llores, Chloe.
El chico rubio se acerca a ella y la envuelve con sus musculosos brazos. Ella se queda inmóvil, sin apartar los ojos llenos de frustración de los míos, absolutamente perplejos.
-Será mejor que me marche – susurra Royce junto a mí, lo que me da una escusa para romper el contacto visual – Seguro que Julian está preocupado y querrá saber si has conseguido sobrevivir a la repentina violencia de nuestro instructor.
-¿Violencia de nuestro instructor? - pregunta Eleanor, deshaciéndose de los brazos de Dareon.
-Y será mejor que le cuentes a tu hermana con más detalles.
-Apenas recuerdo los detalles – susurro más para mí misma que para el resto.
-Lo que tú veas – susurra, y se aleja por el pasillo.
Entonces recuerdo algo. Algo que me hace correr detrás de él hasta alcanzarlo.
-Maldita sea. - Royce me sujeta por los brazos justo cuando llego a él y las fuerzas amenazan con volver a abandonarme - Deja de esforzarte y preocu...
-Eso no es lo que harían los amigos. - digo sin aliento - Los amigos se dejarían llevar por la situación, como Julian. ¿No? ¿No es eso lo que dijiste antes?
Sus ojos se abren sorprendidos, pero recupera la compostura en seguida.
-Al parecer recuerdas más de lo que dices.
-Royce,...
-Habiendo pasado tantos años en Erudición deberías pillar antes las cosas, ¿no? - sus oscuros ojos se clavan en los míos con un extraño brillo – Pero dejaré que sigas pensando sobre ello. Al fin y al cabo, tú solo tienes ojos para una persona.
-¿Qué? - me quedo paralizada conforme los brazos de Royce me sueltan tras asegurarse de que puedo mantener el equilibrio.
-Tú cuidate. Hay personas que siempre se preocuparán por ti, Eleanor, aunque no sea algo recíproco.
Su mano se desliza por mi cabeza, despeinándome. Esta vez, no puedo hacer otra cosa salvo observar como se marcha.
Este chico, a pesar de lo mal que lo he tratado siempre, ¿cómo es posible que siga preocupándose por mi?
Inconscientemente, vuelvo la cama que hay junto a la de mi hermana y me dejo caer sobre ella, sin dejar de repetirme a mí misma la horrible persona que soy. Sé que debería preocuparme por Royce, y una parte de mí no deja de insistirme para que me acerque más a él. Pero me es imposible. Sé qué parte de mí es esa; la misma que me llevó a acostarme tantas veces con un peligroso chico a cambio de entrenamiento. Es mi parte más egoísta y llena de maldad. Al fin y al cabo, para protegerlo de mí misma, debo convencerme de que él no me importa en absoluto.
-¿Ya se ha ido tu chico?
-Vete a la mierda, ¿quieres? - respondo, intentando cortar cualquier tipo de broma; pero el chico no parece pillar la indirecta.
-Parece que estás de mal humor.
-Hay que ser estúpido. Chloe, - me giro para observar a mi hermana, que sigue mirándome con indignación - ¿podrías decirle a tu amiguito que me deje en paz? No estoy de humor.
-Eso ya se ve.
-Tú siempre estás de mal humor, Eleanor.
El comentario de mi hermana hace que Dareon comience a reírse con fuerza.
-Muy bien, enana. Veo que vas aprendiendo.
-Enana – susurro con amargura, lo que provoca que las mejillas de mi hermana se enciendan.
-¿Qué pasa? ¿Tienes envidia? - el chico se sienta con las pernas cruzadas sobre el pulcro colchón de mi hermana – Los siento, pero no se me ocurre ningún mote cariñoso para ti – comenta con sarcasmo.
-Tranquilo – respondo con una irónica sonrisa dibujada en mi cara – No quiero nada cariñoso que venga de ti. En realidad, nada que venga de ti.
El chico se echa hacia atrás para poder reír. Estoy tentada de meter la cabeza debajo de la almohada y dejar de escuchar sus tonterías.
-¡Ya sé diferenciaros! - suspira victorioso – No sois tan parecidas. Chloe es adorable, - le acaricia el pelo como si fuera un cachorro y mi hermana agacha la cabeza, sonrojada - mientras que tú eres una borde. - me dirige una mirada con una amplia sonrisa triunfante.
-Sólo con los imbéciles como tú – le lanzo una mirada de arriba a abajo, con lo que me percato del buen cuerpo que tiene.
-Siempre lo eres.
-Tú a callar, mocosa.
-¿Qué? - mi hermana hace un puchero. Hace años que no la llamo así.
-¿Ves? - Dareon me mira con expresión de “te lo dije”, y agarro con fuerza la almohada, deseando que fuese su cabeza – No te preocupes, Chloe. Todas las mocosas son adorables.
Los ojos de mi hermana parecen estar a punto de estallar de tanto brillar.
-Creo que voy a vomitar – susurro en voz baja para que ninguno de los dos me escuche. - ¿Cuándo has dicho que te darían el alta, Chloe?
-Esta tarde. Supongo que cuando vengan a revisar cómo estás nos dejarán marcharnos a ambas.
-Genial – odio todo lo relacionado con los hospitales y el olor a desinfectante.
-Entonces, ¿mañana lucharéis? - pregunta Dareon con un deje de preocupación, lo que me hace incorporarme y prestar atención a sus palabras.
-¿Ocurre algo?
-En teoría nadie debería saberlo, pero mañana echarán a dos iniciados.
-Mierda – susurro, lanzando una mirada de angustia hacia mi hermana.
-¿Qué? - pregunta esta extrañada.
-Nunca has ganado, ¿verdad? - pregunta Dareon con tranquilidad, sujetándola por el brazo.
Mi hermana niega ligeramente con la cabeza.
-Bruce me dejó inconsciente en mi primer combate. He pasado aquí demasiado tiempo.
Maldita sea. No puedo quedarme aquí parada. Tengo que hacer algo, lo que sea.
-¿Crees que me echarán?
-Mañana será tu última oportunidad.
-¿Y tú como se supone que te enteras de todas estas cosas? - pregunto fulminando al rubio con la mirada, pero me ignora por completo, demasiado ocupado en susurrar palabras de consuelo a mi hermana.
-Si al menos fueran más comprensivos. Desde luego, ese chaval se merecía la paliza que le ha dado tu hermana...
¿Sería esto lo que Bruce quería? ¿Dejar a mi hermana tan inconsciente que fuese incapaz de recuperarse a tiempo? Si lo tuviera ahora mismo delante.
-Lo positivo es que expulsarán a un iniciado de cada grupo. Con que quedes la penúltima de los trasladados, tendrás más oportunidades para remontar en la lista.
-¿Por qué nadie me ha informado sobre ello? - de nuevo, el chico finge que no existo - ¡Eh, estúpido!
-Porque mi grupo sabe cosas que el vuestro no, y que tú seguirás sin saber – añade, al descubrir mi mirada de desconfianza. - Es lo que tiene el haber vivido aquí tanto tiempo. Tenemos privilegios por haber nacido aquí.
-Eso no es justo. - me muerdo la lengua. Creí que una vez hubiera llegado a la Sede de Osadía todo sería mucho más fácil.
-De todas formas, ¿sabes de alguien que no vaya muy bien en eso de las peleas?
-Hay unos cuantos – respondo al instante, con una pizca de esperanza creciendo en mi pecho. - Mike nunca ha ganado, y Thais tampoco.
-Si tuviéramos suerte, mañana harían que Chloe luchase contra uno de ellos. Sería como un desempate para ver quién se queda fuera.
-Pero si son Mike y Thais los que luchan entre ellos...
-Ahí está el problema – finaliza el chico, y se muerde el labio inferior lleno de agujeros.
Pero no es ese el único problema. Miro a mi hermana con temor. No deja de mirarnos a uno y otro alternativamente, hasta percatarse de la forma en la que la miro.
-No me entero de nada – dice finalmente, y me sorprendo al descubrir la poca preocupación que expresa su rostro. Sí que no debe tener idea de lo que se juega en menos de veinticuatro horas.
-Mañana tienes que ganar, sea como sea.
-¿Qué? - al fin, su mente erudita parece haber vuelto a funcionar – Pero si no sé pelear.
Esta vez, fulminarla con la mirada no es suficiente. Salto de la cama y, antes de que se dé cuenta, estoy a su lado, golpeando la parte posterior de su cabeza, lo que la pilla completamente por sorpresa.
-¡Ay! ¿Pero qué...?
-¿Quieres callarte? - susurro entre dientes.
-¿No sabes pelear?
-Bocazas – me doy la vuelta, fingiendo indiferencia. Ojalá pudiera dejarla sola con las consecuencias de lo que acaba de decir. Si no fuera por que es algo mucho más serio de lo que su inocente mente puede llegar a comprender....
-¡Él es de confianza! - exclama, lo que hace que el vello se me erice.
-No, no lo es – respondo con firmeza, sin dar pie a que continúe la conversación.
Chloe se cruza de piernas y brazos, y clava la vista en el suelo. Puedo ver como las lágrimas acuden a sus ojos ante la frustración.
-Cuánto secretismo – susurra el chico que hay a su lado, que se ha quedado sin palabras.
-Callate – insto, lanzándole una mirada asesina. - Y tú – cojo a mi hermana por la barbilla, obligándola a mirarme a la cara – será mejor que descanses ahora que puedes, porque esta noche te toca practicar.
-¿Qué? - me mira aterrorizada y, tras comprobar que hablo completamente en serio, se remueve nerviosa – Eleanor, yo no puedo.
-Mira, no me cabrees – la cojo por el cuello de la camiseta y aproximo mi rostro al suyo – No estoy de humor para tus tontería.
-No son tonterías – susurra con los dientes apretados.
-Chloe no tienes porqué preocuparte – ambas dejamos de mirarnos para observar al chico que hay a nuestro lado. ¿Mea poya? - Yo estaré allí para ayudar.
Mi sonrisa se esfuma en un segundo, y el rostro de mi hermana se ilumina. ¿Cómo puede ser tan...?
-Tú te vas a estar quieto – susurro, dedicándole una intensa mirada, lo que le hace mirarme con el ceño fruncido.
-Si ella no quiere que esté, me iré. Pero no pienso dejarla sola contigo.
-Yo quiero que se quede – susurra feliz Chloe, y aprieto con más fuerza el puño que sostiene el cuello de su camiseta inconscientemente.
-Es mi hermana. - Recalco cada una de las palabras. ¿Acaso ahora este imbécil va a prohibirme estar a solas con mi hermana? - Además, ¿desde cuando eres su protector? Ni siquiera sé quién eres. Esa es mi misión.
-Ella me prefiere a mí.
Mi hermana articula palabras sin sentido al notar como la tensión entre Dareon y yo aumenta peligrosamente. La suelto de la camiseta y doy un paso hacia él, temblando de pies a cabeza.
-¿Pero tú te estás escuchando? ¡Soy su hermana!
-Y una borde, para variar.
-¡Deja de llamarme así!
-Estás loca.
Sin que nadie pueda evitarlo me lanzo hacia la cama de mi hermana. El chico tiene los suficientes reflejos como para esquivarme en el último segundo, rodando por la cama. Lo cojo del brazo, notando un profundo dolor sobre la sien, y el tira de mí intentando huir. En ese momento, aparece una enfurecida enfermera llena de tatuajes al otro lado de la cortina. Me quedo observándola petrificada, con Dareon aún sujeto del brazo.
-¿Por qué siempre tienes que liarla? - susurra mi hermana, mientras pacíficamente se sube a su cama y se arropa como una chica educada.
-Ha sido él – comento sin dejar de mirar a la enfermera a los ojos, y sin soltar al osado.
La enfermera me mira de arriba a abajo y saca un informe de una carpeta marrón.
-Eleanor Stone, supongo.
-Eleanor a secas – la corrijo.
-Veo que estás bastante recuperada. - continúa, ignorando mi comentario.
-En realidad... - cierra de un golpe la carpeta, lo que me hace estremecer.
-¡Fuera! - su potente y decidida voz, acompañada de su brazo señalando hacia la puerta de salida es suficiente para conseguir que libere a Dareon.
-Mira lo que has conseguido – comenta el chico mientras cierran las puertas en nuestras narices.
-Será mejor que te calles si no quieres que te pegue una paliza, imbécil.
-¿Quién te dice que podrías conmigo?
Le lanzo una mirada asesina.
-Me encantaría demostrártelo. - justo antes de que se dé la vuelta, sus labios se elevan en una sonrisa de suficiencia – Te lo digo en serio – lo cojo del brazo con fuerza, haciéndolo girar para enfrentarme cara a cara a él – aléjate de mi hermana.
-Lo que tú digas – responde con sorna, y tira de su brazo para poder marcharse tranquilamente.
Lo observo con atención hasta que la oscuridad del pasillo lo engulle. Tiene un cuerpo delgado, pero sus brazos desnudos no tiene nada que envidiar a los de Pec.
Maldita sea. ¿Qué habrá visto mi hermana en un engreído osado como él?
jueves, 5 de marzo de 2015
viernes, 26 de diciembre de 2014
CAPÍTULO NUEVE
-¿Dónde vamos? - pregunto pasados unos minutos en los que he caminado detrás de Pec en silencio por los oscuros túneles del complejo de Osadía.
En realidad, es una pregunta retórica. Sé que me conduce a alguna puerta por la gritarme y expulsarme de aquí. Al principio, la idea me aterrorizaba, como en mi pasaje del miedo. Sin embargo, ahora lo acepto y de lo único de lo que me arrepiento es de no haber estampado mi puño contra la cara de Bruce.
Finalmente, llegamos a una puerta blanca que contrasta fuertemente con la oscura piedra de las paredes, y que se abre al detectar que nos acercamos.
Entrecierro un poco los ojos ante tanta luz, pero me sorprendo al descubrir que no es la luz del sol la que me ciega, sino la potente luz de lámparas de neón.
-Cama ocho. Está inconsciente por los medicamento, pero aseguran que despertará conforme las dosis vayan disminuyendo.
Y dicho esto se da la vuelta y desparece por el oscuro pasillo. ¿Cómo? ¿No me ha echado de Osadía? ¿Permanezco aquí? ¿Hasta cuándo?
La euforia que siento por saber que aún me queda una larga temporada que pasar atrapada entre estas rocas se esfuma en cuanto entro en la estancia iluminada y el primer enfermo con el que me encuentro se inclina sobre la cama para vomitar una gran cantidad de sangre.
Me veo tentada de salir de aquí corriendo, pero me contengo al recordar el estado en el que Pec se llevó a mi hermana tras la pelea. ¿Acaso no ha servido para nada el pasar todo el día mortificándome por ser una hermana espantosa? Trago con fuerza e ignoro las hileras de camas que hay en la estancia hasta que llego a la cama ocho, que está casi al final. Tumbada, demasiado pálida en contraste con su ropa y con aspecto de cadáver, yace mi hermana enchufada a una máquina de oxígeno y a un goteo que le suministra los medicamentos. Se me cae el alma a los pies al verla sin su vitalidad.
Echo un rápido vistazo al informe. Al parecer, Bruce le ha dañado algún conducto respiratorio, por eso le suministran oxígeno directamente, y, aparte de todos los moratones del cuerpo, le ha roto un par de costillas. Hay un apartado en el informe en el que habla de una ligera posibilidad de daño cerebral. Me sobrecojo al leerlo. ¿Se significa eso? Podría quedarse inconsciente o paralítica. O, ¿acaso es posible que determinen su divergencia a través de las pruebas? Suspiro con fuerza y me dejo caer sobre la cama. Verla en este estado me hace actuar de forma paranoica. Tal vez debería impedir que mi personalidad osada devorara con tanta velocidad mi capacidad para pensar con claridad y calma, eso que he aprendido a interiorizar a base de convivir durante dieciséis años con una familia de eruditos.
Busco la mano de mi hermana y me aferro a ella con fuerza. Prometí protegerla hace años, a ella, a la única persona que me importa en este mundo, a la única persona a la que no odio. Y ahora, si está aquí, seguramente sea por mi culpa. ¿Seguramente? No cabe duda de ello.
-¿Qué te he hecho? - susurro con voz rota.
Ni siquiera me he preocupado por venir a visitarla en cuanto salí de la sala de entrenamientos. En lugar de eso, decidí esconderme, aislarme y quedarme totalmente sola, acompañada únicamente de la oscuridad y de mis pensamientos de culpa, a los cuales ni siquiera he concedido la menor importancia. Si de verdad se la hubiera concedido, habría venido en seguida en vez de esperar a que Pec fuese a buscarme. Ahora que lo pienso, podría haberme echado sin siquiera permitirme despedirme de ella. ¿Y quién la hubiera protegido? Tal vez me esté esperando en cuanto salga de aquí para anunciarme que, a partir de entonces, seré una abandonada. Ahora mismo, no estoy aquí por mí. Tengo que seguir con la misión que juré hace tantos años. Tengo que garantizar la supervivencia de Chloe y la posibilidad de que pueda llevar una vida normal dentro de lo que cabe.
Aún así, soy la peor hermana del mundo.
¿Cómo es que fui incapaz de imaginar que elegiría Osadía por mi? ¿Cómo pude ser tan tonta? ¿Por qué no pude analizar las cosas tal y como lo habría hecho ella? ¿Ahora su divergencia a alcanzado tal nivel que me es imposible llegar a comprenderla?
Pero, ¿es eso lo que verdaderamente quería? ¿Alejarla de mí? Sí, por supuesto. Eso es lo único que puedo asegurar, porque lejos de mí, a pesar del dolor y la falta que habría supuesto, ella habría estado a salvo. Aquí no solo se juega el ser una abandonada, sino también su propia vida. Si no hubiera estado toda mi vida diciéndole qué hacer, habría sido capaz de tomar su propio camino sin miedo a las consecuencias, sin miedo a perderme, sin el peligro de no saber qué hacer. Siempre seré culpable de todo lo que le ocurra.
No voy a cenar, sino que sido cogida de la mano de mi hermana hasta que una enfermera me pide que me vaya. A pesar de mis protestas, las puertas del hospital se cierran ante mi rostro y no puedo hacer nada. O tal vez, no soy lo suficientemente decidida como para hacer algo.
Camino inconscientemente de vuelta al dormitorio de los iniciados. Todos me miran fijamente cuando entro, pero los ignoro a todos. Por mi cara de derrotada, todos deben pensar que vengo a recoger mis cosas o, al menos, que Pec me ha dado una charla que no olvidaré en mucho tiempo. Ilusos. Como si no hubiese cosas más importantes. Parece mentira que hayan tenido que darle tal paliza a Chloe para ser consciente de que esto, la iniciación, no es lo más importante.
A la mañana siguiente soy la primera en entrar en la ducha, de tal forma que al salir, la mayoría siguen durmiendo. Me pongo unos ajustados pantalones elásticos que encontré el otro día y una camiseta negra bastante ancha que me deja moverme con libertad.
Tampoco voy a desayunar, sino que me marcho a la sala de entrenamiento directamente y comienzo a calentar hasta que los dedos me arden y los nudillos me sangran de tanto golpear el saco. Mis minutos en soledad me parecen demasiado cortos. Siempre me lo han parecido y siempre me lo parecerán.
Esta vez, peleo con Thais, a la que dejo inconsciente al primer golpe.
Julian, por su parte, protagoniza una de las peleas más espectaculares que jamás se ha vivido en Osadía contra Morgan. El veraz, que es bastante grande y fuerte, se especializa en su capacidad de adelantarse a todos los movimientos de los adversarios contra los que ha tenido que luchar. Hasta este día.
Julian es diferente, bien por su inteligencia sobrecogedora, su personalidad en parte cordial o su agilidad, mantiene a la perfección el ritmo de la lucha. El clímax llega cuando Morgan comete un ligero error que lo hace trastabillar y Julian le da una firme patada bajo la mandíbula. Ahora que me fijo mejor, el chico es un claro ejemplo de osado capaz de pensar por sí mismo. Dentro de unas semanas, cuando haya olvidado por completo de dónde procede, será uno de los mejores iniciados. No puedo evitar sentirme feliz por él, aunque eso lo convierta en mi enemigo. En cierto modo, esto me proporciona esperanzas. Tal vez mi hermana pueda llegar a evolucionar, como lo ha hecho él.
Descubro a Royce observándome sonreír por el rabillo del ojo, lo que extingue mi entusiasmo. Aun recuerdo todo lo que le dije ayer, y sus sentimientos hacia mí no deben de ser muy positivos.
Desearía pasar todo el día en el hospital con mi hermana, pero dentro de mi cabeza ha surgido un recuerdo que me obliga a hacer una locura. Ha pasado una semana desde que llegué.
-Hola. - me siento junto a Willa, la iniciada osada junto a la que me senté el Día de la Elección, a la hora de comer. Tengo que reprimir mis ganas de sentarme sola.
-¡Eleanor! ¿Qué tal? ¿Cómo va la iniciación? - la chica está eufórica como siempre, a pesar de una sinuosa cicatriz bajo su ojo derecho.
-Bien. - respondo con sequedad.
-A una de mis compañeras no se le ocurrió otra cosa que pegarme con un anillo afilado – comenta como si nada al descubrir que observo su nueva marca. - Es un recuerdo de la batalla.
Durante la comida, Willa y su amiga Sheyla no dejan de charlar animadamente sobre la iniciación y hacerme preguntas a las que respondo con monosílabos Cuando me preguntan por mi antigua facción, les lanzo a ambas una mirada amenazadora que las deja algo petrificadas. Pero recuperan su capacidad de parlotear enseguida. Al parecer, esta noche, todos los iniciados osados pasarán por el puesto de tatuajes para recordar esta etapa de sus vidas. Tatuarme la piel siempre ha sido algo que me ha fascinado, aunque desde que llegué aquí no he tenido tiempo para hacer tal cosa.
Cuando termino de comer, apoyo ambos brazos en la mesa y, disimuladamente, dejo que el cuchillo con el que he cortado la hamburguesa se cuele por la manga de mi negra chaqueta de cuero.
-Willa, necesito tu ayuda - susurro sin mirarla. - ¿Podrías acompañarme?
La chica se disculpa ante Sheyla y el resto de los compañeros osados que se han ido incorporando al grupo para acompañarme al exterior del comedor, al Foso, donde el ruido de la agua impide que nos oigan.
-Necesito encontrar una salida. Una puerta o algo para salir a las calles. ¿Podrías ayudarme?
-Eso está prohibido - no lo dice con miedo, sino con una chispa de emoción. Es extraño poder ver cómo alguien tiene las mismas reacciones que yo tenía en Erudición, cuando decidía escaparme por las noches. Siento una punzada de celos tan solo de pesar que ella lo ha podido hacer libremente toda su vida. Si hubiera nacido aquí, las cosas serían tan diferentes. En el fondo, poco a poco, comienzo a enamorarme de esta facción, aunque los entrenamientos no me permitan disfrutar de los detalles más osados, como un simple tatuaje o una charla animada entre colegas. Mi lado solitario y el osado han iniciado una lucha interna que parece no tener fin.
Willa me conduce por los oscuros y sinuosos pasillos de osadías hasta una puerta oculta en las sombras.
-Detrás de esta puerta hay unos escalones que te llevan al exterior. - al tirar con fuerza para abrir la puerta, ésta produce un sonido chirriante y el sonido se propaga por los túneles, que ahora están en un silencio demasiado absoluto. ¿Cuánto hace que alguien no pasa por aquí? - Buena suerte con lo que sea que vayas a hacer. Intentaré cubrirte.
Casi podría decir que me guiña el ojo, aunque no puedo verlo a causa de la oscuridad total. Antes de iniciar mi ascenso por la escalera de metal, me giro para observar el túnel, demasiado oscuro y silencioso para encontrarse en el complejo de Osadía. El vello de la nuca se me eriza y reprimo el impulso de echar a correr.
Los escalones son resbaladizos y tras la eterna subida me topo con otra puerta igual de ruidosa. A diferencia de lo que esperaba, no me inunda la luz solar, sino que aparezco en una extraña habitación destrozada y polvorienta. Estoy en una de las casas destruidas que hay en la zona del pantano, en la sección Osada. No tardo en dar con la salida, aunque cuando lo logro, soy incapaz de salir al exterior. Me quedo completamente paralizada en mitad de una estancia amplia y polvorienta. Justo en la puerta de la casa está mi maleta, la maleta que le di a Stan hace una semana exactamente.
Debería cogerla, para eso he salido. Ya hace una semana que llegué al complejo de Osadía y él la ha traído, tal y como le pedí. Pero, es extraño, ¿dónde está? ¿Por qué no está aquí? Ni me planteo el que se haya marchado sin hablar conmigo. No. Debe estar en alguna parte, cabreado. Muy cabreado.
Apenas afirmo este pensamiento, siento un golpe en la espalda que me desarma. Ahogo un grito y apoyo ambas manos en el sucio suelo para no caer. Entonces, un pesado pie me golpea en el estómago, dejándome sin aire y haciéndome caer. Intento ponerme en pie, pero una helada mano me coge por el cuello y me levanta sin esfuerzo como si mi cuerpo no pesara más que el aire.
Mi espalda se estrella una y otra vez contra la pared de ladrillo y no puedo respirar. Me quedo sin aire y mi visión se llena de oscuros puntos negros que me impiden ver nada. El dolor es atroz y la cabeza no deja de darme vueltas. Estoy muriendo. Poco a poco. Muy poco a poco.
Entonces todo cesa. Mis pies vuelven a tocar el suelo y la presión en el cuello desaparece, siendo sustituida por un brazo que me presiona sobre el pecho, impidiéndome el movimiento. Intento sujetar el cuchillo de la manga, pero estoy tan débil que acaba resbalando entre los dedos.
-Cuánto te queda por aprender, cielo.
Escucho un golpe metálico y supongo que ha lanzado el cubierto lejos de mi alcance. Me conoce demasiado bien. ¿Cómo he podido ser tan tonta? En teoría, yo debería de conocerlo tan bien como él a mí.
-Dime algo, cariño. - su voz provoca escalofríos por todo mi cuerpo.
-Voy a...
Pero no ne deja terminar. Presiona su cuerpo contra el mío de forma asfixiante y me besa de forma brusca. Mi cuerpo se debate entre el dolor y el placer, llegando hasta mi mente, que es incapaz de mantener una idea clara. La explosión de sensaciones me impide mantenerme consciente, y vuelvo a sentir que todo a mi alrededor comienza a girar velozmente.
-¿De verdad quieres matarme? - pregunta separándose unos milímetros, aunque vuelve a fundirse enseguida - No sabes las ganas que tenía de volver a oírte amenazarme. La diferencia entre ésta y la última vez es que no vas armada, no podrás apuñalarme.
-Lo lamentarás - respondo sin aliento, luchando contra la fuerza que me arrastra hacia la inconsciencia.
-¿Qué vas a hacer? - ahora suena enfadado, lo que pocas veces le ocurre. Vuelve a cogerme por el cuello y golpea mi cuerpo contra la pared - Tú y yo teníamos un trato. - Abro los ojos lo suficiente para encontrarme con su mano sujetando una fotografía. Todo es borroso, pero puedo distinguirnos a Chloe y a mí con nueve años, vestidas de azul y jugando en nuestro dormitorio. Es la única foto que he guardado en mi cuaderno de dibujo - Chloe Stone. ¿No era así? - escuchar el nombre de mi hermana en su boca me provoca nauseas - Alguna vez me mencionaste que tu hermana era demasiado erudita, aunque me prometiste encontrarla en Abnegación. - empiezo a temblar, incapaz de tranquilizarme. No puede ser... - Después de comprobar que no está en ninguna de esas dos facciones he deducido que tu hermanita tiene un pequeño secreto - se acerca a mí aún más, aunque no rompe el contacto visual - Divergencia.
No puedo evitar abrir los ojos presa del miedo.
-¿Así que ya sabías que es eso? Los altos cargos de erudición también lo saben, y están muy interesados en ello. ¿Qué ocurriría si encontrase a tu hermanita y les hablara de ella? - esta vez si rompe el contacto y se aproxima hasta que sus labios rozan el lóbulo de mi oreja - Sabes que la encontraré.
-Cabrón. - intento resistirme como puedo, pero mis intentos resultan patéticos y lo único que consigo es debilitarme más aún y que Stan me zarandee al reír a carcajadas. ¿Qué me hará ahora? No me cabe duda de que intentará abusar de mí. Nada puede detenerle. Ni siquiera yo. He sido una estúpida por confiar en él y pensar que me libraría para siempre de su presencia cuando llegara a Osadía. Tratar con los abandonados no es ningún juego de niños.
Aunque algo está claro: no pienso suplicarle.
Vuelve a presionar su cuerpo contra el mío y su boca me muerde por toda la clavícula, ascendiendo por el cuello e ignorando mi resistencia. Cierro los ojos ante la desesperación.
Entonces, el peso de mi cuerpo desaparece y caigo al suelo con un golpe seco, clavándome todas las rocas en las mano y los brazos desnudos. Permanezco inmóvil, derrotada, esperando alguna patada en el costado o la presencia de su cuerpo sobre el mío. Pero los minutos pasan y no hay nada, tan solo un agudo pitido en mis oídos. No abro los ojos, sino que me rindo por completo a la oscuridad.
Escucho golpes a mi alrededor y un grito de dolor que me recorre la espalda. Estoy completamente inmovilizada, sin fuerzas para levantarme siquiera.
El silencio regresa y tan solo abro los ojos cuando escucho una voz cálida susurrar mi nombre, una voz que no pertenece a mi atacante. Una mano fría y húmeda me acaricia con suavidad el brazo y un dolor atroz me recorre, aunque estoy demasiado débil incluso para gritar. Toso con fuerza, provocando que una nube de polvo entre en mi nariz, y siento que las fosas nasales me arden.
-Eleanor...
Parpadeo para acostumbrarme a la luz hasta que, finalmente, consigo distinguir al chico que hay frente a mí.
-¿Royce? - pregunto en un susurro ronco.
Se inclina sobre mí y pasa una mano por debajo de mis piernas, levantándome como si no pesara nada.
-Menos mal. Pensaba que había llegado demasiado tarde. - me aprieta contra su pecho, lo que no consigo soportar.
-Bájame - susurro en seguida.
El chico no se resiste y me ayuda a estabilizarme sobre el suelo. ¿Cómo me ha encontrado? Ahora no es el momento de preguntárselo.
Miro a un lado y a otro. Royce ha conseguido dejar inconsciente a Stan, cuya cara está llena de sangre. ¿Cómo ha podido vencerle? Siento una punzada de celos. Yo debería haber sido quien le diera tal paliza.
A continuación, todo ocurre demasiado rápido. Veo el afilado cuchillo en la mano de Stan y no lo dudo ni un segundo. Aparto a Royce a un lado y me giro para enfrentarme a él en el momento en que se levanta.
Noto el afilado objeto recorrer mi brazo derecho, aunque consigo derribar a Stan cargando en mi hombro toda la fuerza que me queda, la cual parece ser suficiente. El joven, ya de por sí debilitado, choca con la pared medio derruida que hay justo a su espalda y cae al suelo, dejando que el cuchillo haga un ruido metálico al caer.
Ni siquiera me molesto en recapacitar. No me importa la sangre que recorre mi brazo, solo puedo pensar en golpearle una y otra vez, aunque mis golpes no son todo lo fuertes que a mí me gustaría.
Este cabrón ha amenazado a mi hermana.
Quiere entregarla a los eruditos.
Tengo que matarlo antes de que eso ocurra.
Royce me había quitado la oportunidad de vengarme.
Ahora puedo hacerlo.
-¡Déjalo ya! - los brazos del osado me levantan de nuevo, como si nada. Aun así, sigo golpeando al aire, intentando zafarme de él.
-¡Tengo que matarlo! ¡TENGO QUE MATARLO!
-Estás herida, estúpida - nada más soltarme siento una fuerte bofetada en la mejilla que me hace caer hacia atrás – E histérica. Y él está inconsciente. Tenemos que irnos antes de que vuelva en sí. No se atreverá a seguirnos.
¿Por qué no me deja matarlo? No sería la primera vez. Puedo hacerlo sin problemas. Pero está claro que Royce no está dispuesto a permitirme cruzar ese límite.
-Aun no - susurro sin aliento, arrastrándome con dificultad hasta el cuerpo inconsciente de Stan.
Escucho a Royce resoplar y caminar detrás de mí, dispuesto a llevarme a rastras. Sin embargo, se detiene sorprendido cuando comienzo a rebuscar en los bolsillos de Stan.
-¿Qué buscas? - no respondo, sino que me dejo dominar por la histeria con cada bolsillo nuevo que descubro en su ropa, amarilla cordial y gris abnegada. - Eleanor, ¿qué estás buscando?
Sus manos sujetan las mías un par de segundos, lo que me altera aún más. No hay tiempo.
-¡Una foto! Estoy buscando una fotografía. Me la ha enseñado. Tiene que tenerla en algún lado.
Royce no duda ni un segundo en echarme una mano, y ambos rebuscamos por los bolsillo de los pantalones, la camisa y la chaqueta.
-¡La tengo! - apenas dejo que Royce la mire. Se la quito y la aprieto contra mi pecho protegiéndola - Ahora sí que nos vamos, Eleanor.
Royce me conduce hasta la puerta casi sin darme cuenta. Justo antes de cruzarla caigo en la cuenta.
-¡La maleta!
El chico estaba preparado para sujetarme por si acaso. Se inclina un poco y clava sus ojos oscuros en los míos.
-Iré yo.
-Ten cuidado - susurro cuando ya se ha marchado y sé que no puede oírme.
¿A qué ha venido ese momento de debilidad? Bajo los escalones resbaladizos con cuidado. Royce me ha salvado, y yo lo único que he hecho por él ha sido tratarlo fatal. Desde que íbamos al colegio juntos, el chico ha intentado acercarse a mí. ¿Vería dentro de mí a una osada como lo era él? ¿O tal vez había otro motivo? O puede que tan solo intente ayudarme para quitarse a una enemiga en la iniciación.
-¡Eleanor!
-¡Estoy aquí abajo! - exclamo cuando se asoma a lo alto de la escalera. He llegado al final casi sin darme cuenta, de nuevo. Sigo demasiado aturdida por los acontecimientos.
-Vale. Pensé que te habías escaqueado de nuevo.
Su frase es seguida por un chirrido y una oscuridad total. Pocos segundos después, siento que una mano fuerte me coge de la mano y tira de mí, guiándome por la oscuridad de los túneles. Pero no avanzo durante mucho tiempo, sino que sus brazos vuelven a cogerme en seguida y pierdo la noción de todo lo que me rodea.
Cuando recupero la consciencia, me encuentro sentada en un duro e incómodo colchón, rodeada de claras luces blancas y con una enfermera a mi lado sujetando una afilada aguja.
Grito ante la sorpresa y tiro del brazo, lo que me produce un dolor horrible y los puntos negros reaparecen en mi campo de visión.
-Tranquilízate – los fuertes brazos de Royce me sujetan a la cama mientras la enfermera trata de terminar de coserme la larga y profunda herida que Stan me ha echo en el brazo. - Esto te pasa por correr por las escaleras húmedas.
-No conozco a muchos osados que se mareen con la sangre – susurra la enfermera, cuyo rostro está lleno de piercings y no transmite mucha confianza.
-¡¿Qué?!
-Eso me ha dicho tu compañero.
Miro a Royce con la boca abierta. ¿Cómo lo ha sabido? Y entonces sus ojos me miran maliciosamente y sonríe divertido. Genial, se lo acabo de confirmar.
-No me he mareado con la sangre – susurro, más para mi que para ninguno de ellos – Ha debido ser el golpe.
La enfermera pasa un eterno tiempo cosiendo mi herida y untándome una pomada cordial que hace que se me duerma el brazo. Durante todo ese tiempo, Royce permanece a mi lado, bien sujetándome el brazo, momento incluso en los que estoy tranquila, o bien charlando conmigo, aunque yo no participe muy activamente en la conversación. Sin embargo, cuando llega el momento de que la enfermera cure a Royce, quien no ha salido tan ileso como parecía de la pelea con Stan, no puedo soportar ver la herida emanar de sus heridas y, sin apenas mirarlo, me marcho en busca de la cama ocho.
Me sorprendo al encontrarla con sus enormes ojos oscuros divagando por la estancia.
-¡Eleanor! - exclama con voz ronca.
Me quedo boquiabierta. ¿Cómo es posible? Ayer parecía un vegetal, conectada a cientos de tubos; y ahora vuelve a tener ese brillo de vitalidad en los ojos.
-Te mataría – me acerco a ella y la abrazo, incapaz de contener la emoción. Incluso así, metida en una cama de hospital, sigue siendo igual de... ¿qué? ¿Ilusa? ¿Adorable? ¿Ambos al mismo tiempo? Pero eso no es lo que importa ahora. Lo único que importa es que está viva y feliz, y que no me ha abandonado. - Siento no haber estado hoy contigo, he tenido que hacer una cosa.
-No te preocupes. Apenas hace un par de horas que desperté y Dareon me ha estado haciendo compañía – abre mucho los ojos cuando me separo de ella y sus ojos se centran en mi brazo. - Pero, ¿qué te ha pasado?
-Esto... Bajaba corriendo por una escalera húmeda y ya sabes, las escaleras de piedra están algo afiladas – es la misma escusa que al parecer Royce ha intentado colarle a la enfermera, aunque con poco éxito, al igual que yo a mi hermana.
-¿Y esos moratones en el cuello?
-Una pelea – eso no es falso en absoluto.
-Pensaba que no estaba permitido ahogar a los iniciados. ¿Contra quién peleabas? - ¿Cómo puede ser tan lista?
-¡Chloe deja de interrogarme! - intento reír despreocupada, fracasando por completo, por lo que intento cambiar de tema cuanto antes – Por cierto, ¿quién es Dareon?
-Un chico. - responde dejándose caer en la cama y cerrando los ojos, lo que hace siempre que no quiere que descubra lo que realmente piensa.
-No me digas – el sarcasmo de mi voz la hace sonreír, lo que me desarma por completo.
-Es un iniciado osado. Su hermano está justo ahí al lado. - señala el biombo que separa su cama de la de al lado. - Cayó por las escaleras, de verdad, y se rompió el fémur.
-Deja de insinuar que miento – digo como si nada, alejándome un poco para asomarme a la cama de al lado, donde un chico de pelo rubio duerme tranquilamente con la pierna escayolada.
-En el fondo, el hecho de que intentes colarme tus trolas tiene algo bueno, ¿sabes? Odiaría tener una hermana veraz.
-¿Colarte mis trolas? ¿Desde cuándo hablas así? - pregunto incapaz de no sonreír.
-Así es como hablan los chicos de aquí. ¿No decías que tenía que acostumbrarme a ellos?
-¿De verdad? ¿Así es como hablan los chicos de aquí según tú, que llevas dos días aquí encerrada? ¿O así es como habla ese tal Dareon?
-Tal vez lo sabrías si no pasaras tanto tiempo sola, Eleanor – Chloe me fulmina con la mirada, lo que empieza a confirmar mis sospechas.
-Por cierto, ¿cuántos años tiene el chico?
-Nueve. ¿A que es adorable? - sus ojos vuelven a abrirse de forma exagerada y sonríe de oreja a oreja.
-Odio a los niños – sentencio.
-Eres odiosa.
-Lo sé. Tú te llevaste toda la carisma.
-Eleanor Stone mostrando algo de sentido de humor. Esto sí que es nuevo.
-¡Hola Royce!
Me doy la vuelta y fulmino con la mirada al chico alto y de pelo despeinado que acaba de asomarse por el biombo. Tiene la camiseta negra rasgada, lo que me permite verle un pulcro vendaje blanco bajo ésta.
-Hola, Chloe. Me alegra ver que estás bien.
-Bueno. Aún me queda pasar aquí un par de días. ¿Qué te ha pasado? - mi hermana me mira a mí y al vendaje alternativamente, con el ceño fruncido.
-Esto me pasa por intentar seguirle el ritmo a tu hermana.
Mierda. Eso es suficiente para que saque sus conclusiones infalibles.
-Interesante.
-¡No! - exclamo – No es interesante.
-¿Esa no es la maleta de mi hermana?
Esto mejora por momentos.
Royce se descuelga la maleta de la espalda y, tras mirarme dubitativo, acaba dándomela a mí.
-Necesitaba unas cosas – susurro, apretándola contra mi pecho.
-¿Y has ido a por ella? ¿Has visto a mamá?
-Por supuesto que no he vuelto a pisar esa facción – respondo sin disimular la arrogancia.
-¿Entonces? ¿Te la han traído? ¿A quién mandaste?
-A un chaval. Pero no era de erudición, a no ser que se hiciera pasar por abandonado. - vocalizo un “cállate” hacia Royce, intentando que Chloe no me vea. Pero ya es demasiado tarde.
-¿Un abandonado? ¡Eleanor! ¡Son peligrosos!
-No me hables como si fueras mayor que yo – pongo los ojos en blanco y me apoyo contra la pared, despreocupada. Al final ha acabado averiguándolo.
-Soy mayor que tú.
-Pues no lo pareces. El hecho de que yo naciera antes y por ello supuestamente tú seas mayor no te hace más madura, Chloe.
-Aun así, eso no me impide querer protegerte.
-Esta discusión no nos lleva a ninguna parte. - canturreo.
-El echo de que sigas tratando con abandonados tampoco te lleva a ninguna parte.
-¿Cómo? - pregunta Royce, que hasta este momento tan solo se ha dedicado a mirarnos interrogante, y ahora se centra en mí - ¿Tienes trato con abandonados?
-¡No! - respondo, intentando controlarme – Tan solo le pedí a uno de ellos que me hiciera el favor de traerme una mochila. ¡Ya está!
-No entiendes nada – susurra Royce, negando con la cabeza y con mirada penetrante. Después mira a mi hermana, quien le devuelve la mirada y niega con la cabeza, de acuerdo con él. Perfecto. Ahora los tengo a ambos aliados contra mí.
-Eleanor. Los abandonados son extremadamente recelosos. No harán nada sin pedir algo a cambio, y menos aún ayudarte a conseguir un puesto por el que ellos lucharon en algún momento.
-¿Cómo? - la sorpresa de Royce parece haber alcanzado el clímax.
-¡Crees que no me he dado cuenta de ello hoy! - susurro alterada.
Mi hermana tarda un par de segundos en recapacitar sobre a qué me refiero.
-¿Qué ha intentado hacerte? - sus tono de voz me pilla por sorpresa. Mi hermana suena enfadada. ¿Desde cuándo?
-Tranquilízate – susurro al mismo tiempo que Royce decide hacer estallar la bomba.
-¿A parte de darle una paliza? Abusar de ella.
-¡No ha abusado de mí! - intento no gritar en mitad del hospital, pero mi voz va a aumentando de tono considerablemente.
-Porque yo he llegado a tiempo, que si no... - se apoya en el extremo de la cama y se cruza de brazos. ¿Qué espera? ¿Un gracias? ¿Después de lo que ha liado?
-Podría haber cuidado de mí misma. - intento sonar segura de mí misma, pero fracaso estrepitosamente.
-No parecía eso. - ¿A quién quiero engañar?
-No sé por qué me seguías.
-Sabía que tramabas algo cuando te vi coger el cuchillo. - Pero...
-¡Deja de vigilarme!
-¿Y si no quiero? - ¿qué tiene este tío contra mí?
-Acosador.
-Traidora. - Ahora sí que lo mato.
-¡Imbécil! - mi hermana mi coge por el brazo y, como no tiene fuerza, acaba clavándome las uñas para aferrarse a mí.
-¡Enfermera!
-Se supone que todos iniciamos el camino en esta facción siendo unos novatos, ¿sabes?
-Haber sido más listo que yo.
En ese momento llega la enfermera. Apenas soy consciente de cuándo decide soltarme mi hermana, ni de cómo consigue la mujer sacarnos a Royce y a mí y evitar al mismo tiempo que acabemos matándonos.
-¡No te importa lo que yo haya hecho antes o después de llegar aquí! - exclamo con todas mis fuerzas una vez hemos vuelto a los oscuros túneles.
-Al menos podrías agradecerme el haberte ayudado allí arriba. Quién sabe lo que te habría hecho ese...
-¡Claro! Si quieres también te agradezco el que seas un acosador.
-¡Sólo intentaba ayudarte!
-¡Yo no te he pedido ayuda!
-¡Me preocupo por ti, Eleanor!
Toda mi rabia desaparece de golpe. ¿Preocupado por mí? ¿Y esto a qué viene ahora?
-¿Por qué? - a pesar de mi esfuerzo por sonar enfadada, es imposible. Ahora es cuando todo se acumula en mi cabeza. Es como aquellos momentos en los que intento enfadarme con mi hermana. ¿Por qué me pasa esto? Nunca me he encariñado con nadie, y ahora... aquí...
-Me preocupo por ti porque eres mi amiga. O porque quiero que lo seas. Defínelo como quieras. Estoy cansado – Royce se da la vuelta y desaparece por una esquina, por la que se cuela una tenue luz que pertenece al Foso.
¿Puedo considerarlo un amigo? No. ¿No puedo? ¿O no quiero?
Unos minutos más tarde recorro el camino por el que Royce acaba de desparecer. Está claro. No quiero tener amigos. Llevo años sin confiar tanto en alguien como para llamarlo “amigo”. ¿Por qué iba a hacerlo ahora que tengo todo lo que siempre he deseado y no necesito la ayuda de nadie?
Cuando llego al solitario comedor para cenar, descubro a Royce sentado en una de las mesas más alejadas de la puerta. Aunque me siento tentada a fingir que no lo he visto, acabo acercándome con mi bandeja llena de comida.
-Parece que no vas a dejar de seguirme hoy, ¿no? - intento sonar divertida, pero Royce me dedica una mirada fría como el hielo – Está bien. Esto no se me da nada bien, ¿vale? Pero siento que te debo algo. Así que gracias por ayudarme antes con Stan.
-Stan – susurra con una voz llena de odio.
-Sin embargo, no puedo considerarte amigo mío. Llevo años sin catalogar a nadie con esa palabra.
-Tal vez haya llegado el momento de hacerlo, ¿no crees?
-Soy una loba solitaria.
-No hace falta que lo jures – la comisura de su boca se inclina en una tímida sonrisa.
-Es complicado. Y soy demasiado egoísta. No quiero tener ninguna relación con nadie a no ser que consiga algo con ello.
-Salvo con Chloe, ¿no?
-Chloe es mi hermana. - susurro jugando con el tenedor en mi mano.
-La relación entre hermanos y amigos no es tan diferente, Eleanor.
Nos mantenemos la mirada el uno al otro durante unos eternos minutos.
-Tal vez... Con el tiempo.
-Me aseguraré de que cambies de parecer. - se pone de pie con la bandeja vacía y me observa sonriente desde arriba - ¿Vienes?
-Será un placer – recojo mi bandeja, intacta, y me levanto junto a él. A decir verdad, el chico es bastante alto.
-Deberías comer. Mañana hay combate.
-Tengo el desayuno. Y prefiero desayunar fuerte. Algo me dice que mañana va a ser un día importante – sonrío satisfecha mientras salimos del comedor e iniciamos el camino hacia los dormitorios.
Y no me equivoco. Al día siguiente, tras el desayuno, ha llegado el momento de mi venganza.
En la pizarra, mi nombre aparece junto al de Bruce.
En realidad, es una pregunta retórica. Sé que me conduce a alguna puerta por la gritarme y expulsarme de aquí. Al principio, la idea me aterrorizaba, como en mi pasaje del miedo. Sin embargo, ahora lo acepto y de lo único de lo que me arrepiento es de no haber estampado mi puño contra la cara de Bruce.
Finalmente, llegamos a una puerta blanca que contrasta fuertemente con la oscura piedra de las paredes, y que se abre al detectar que nos acercamos.
Entrecierro un poco los ojos ante tanta luz, pero me sorprendo al descubrir que no es la luz del sol la que me ciega, sino la potente luz de lámparas de neón.
-Cama ocho. Está inconsciente por los medicamento, pero aseguran que despertará conforme las dosis vayan disminuyendo.
Y dicho esto se da la vuelta y desparece por el oscuro pasillo. ¿Cómo? ¿No me ha echado de Osadía? ¿Permanezco aquí? ¿Hasta cuándo?
La euforia que siento por saber que aún me queda una larga temporada que pasar atrapada entre estas rocas se esfuma en cuanto entro en la estancia iluminada y el primer enfermo con el que me encuentro se inclina sobre la cama para vomitar una gran cantidad de sangre.
Me veo tentada de salir de aquí corriendo, pero me contengo al recordar el estado en el que Pec se llevó a mi hermana tras la pelea. ¿Acaso no ha servido para nada el pasar todo el día mortificándome por ser una hermana espantosa? Trago con fuerza e ignoro las hileras de camas que hay en la estancia hasta que llego a la cama ocho, que está casi al final. Tumbada, demasiado pálida en contraste con su ropa y con aspecto de cadáver, yace mi hermana enchufada a una máquina de oxígeno y a un goteo que le suministra los medicamentos. Se me cae el alma a los pies al verla sin su vitalidad.
Echo un rápido vistazo al informe. Al parecer, Bruce le ha dañado algún conducto respiratorio, por eso le suministran oxígeno directamente, y, aparte de todos los moratones del cuerpo, le ha roto un par de costillas. Hay un apartado en el informe en el que habla de una ligera posibilidad de daño cerebral. Me sobrecojo al leerlo. ¿Se significa eso? Podría quedarse inconsciente o paralítica. O, ¿acaso es posible que determinen su divergencia a través de las pruebas? Suspiro con fuerza y me dejo caer sobre la cama. Verla en este estado me hace actuar de forma paranoica. Tal vez debería impedir que mi personalidad osada devorara con tanta velocidad mi capacidad para pensar con claridad y calma, eso que he aprendido a interiorizar a base de convivir durante dieciséis años con una familia de eruditos.
Busco la mano de mi hermana y me aferro a ella con fuerza. Prometí protegerla hace años, a ella, a la única persona que me importa en este mundo, a la única persona a la que no odio. Y ahora, si está aquí, seguramente sea por mi culpa. ¿Seguramente? No cabe duda de ello.
-¿Qué te he hecho? - susurro con voz rota.
Ni siquiera me he preocupado por venir a visitarla en cuanto salí de la sala de entrenamientos. En lugar de eso, decidí esconderme, aislarme y quedarme totalmente sola, acompañada únicamente de la oscuridad y de mis pensamientos de culpa, a los cuales ni siquiera he concedido la menor importancia. Si de verdad se la hubiera concedido, habría venido en seguida en vez de esperar a que Pec fuese a buscarme. Ahora que lo pienso, podría haberme echado sin siquiera permitirme despedirme de ella. ¿Y quién la hubiera protegido? Tal vez me esté esperando en cuanto salga de aquí para anunciarme que, a partir de entonces, seré una abandonada. Ahora mismo, no estoy aquí por mí. Tengo que seguir con la misión que juré hace tantos años. Tengo que garantizar la supervivencia de Chloe y la posibilidad de que pueda llevar una vida normal dentro de lo que cabe.
Aún así, soy la peor hermana del mundo.
¿Cómo es que fui incapaz de imaginar que elegiría Osadía por mi? ¿Cómo pude ser tan tonta? ¿Por qué no pude analizar las cosas tal y como lo habría hecho ella? ¿Ahora su divergencia a alcanzado tal nivel que me es imposible llegar a comprenderla?
Pero, ¿es eso lo que verdaderamente quería? ¿Alejarla de mí? Sí, por supuesto. Eso es lo único que puedo asegurar, porque lejos de mí, a pesar del dolor y la falta que habría supuesto, ella habría estado a salvo. Aquí no solo se juega el ser una abandonada, sino también su propia vida. Si no hubiera estado toda mi vida diciéndole qué hacer, habría sido capaz de tomar su propio camino sin miedo a las consecuencias, sin miedo a perderme, sin el peligro de no saber qué hacer. Siempre seré culpable de todo lo que le ocurra.
No voy a cenar, sino que sido cogida de la mano de mi hermana hasta que una enfermera me pide que me vaya. A pesar de mis protestas, las puertas del hospital se cierran ante mi rostro y no puedo hacer nada. O tal vez, no soy lo suficientemente decidida como para hacer algo.
Camino inconscientemente de vuelta al dormitorio de los iniciados. Todos me miran fijamente cuando entro, pero los ignoro a todos. Por mi cara de derrotada, todos deben pensar que vengo a recoger mis cosas o, al menos, que Pec me ha dado una charla que no olvidaré en mucho tiempo. Ilusos. Como si no hubiese cosas más importantes. Parece mentira que hayan tenido que darle tal paliza a Chloe para ser consciente de que esto, la iniciación, no es lo más importante.
A la mañana siguiente soy la primera en entrar en la ducha, de tal forma que al salir, la mayoría siguen durmiendo. Me pongo unos ajustados pantalones elásticos que encontré el otro día y una camiseta negra bastante ancha que me deja moverme con libertad.
Tampoco voy a desayunar, sino que me marcho a la sala de entrenamiento directamente y comienzo a calentar hasta que los dedos me arden y los nudillos me sangran de tanto golpear el saco. Mis minutos en soledad me parecen demasiado cortos. Siempre me lo han parecido y siempre me lo parecerán.
Esta vez, peleo con Thais, a la que dejo inconsciente al primer golpe.
Julian, por su parte, protagoniza una de las peleas más espectaculares que jamás se ha vivido en Osadía contra Morgan. El veraz, que es bastante grande y fuerte, se especializa en su capacidad de adelantarse a todos los movimientos de los adversarios contra los que ha tenido que luchar. Hasta este día.
Julian es diferente, bien por su inteligencia sobrecogedora, su personalidad en parte cordial o su agilidad, mantiene a la perfección el ritmo de la lucha. El clímax llega cuando Morgan comete un ligero error que lo hace trastabillar y Julian le da una firme patada bajo la mandíbula. Ahora que me fijo mejor, el chico es un claro ejemplo de osado capaz de pensar por sí mismo. Dentro de unas semanas, cuando haya olvidado por completo de dónde procede, será uno de los mejores iniciados. No puedo evitar sentirme feliz por él, aunque eso lo convierta en mi enemigo. En cierto modo, esto me proporciona esperanzas. Tal vez mi hermana pueda llegar a evolucionar, como lo ha hecho él.
Descubro a Royce observándome sonreír por el rabillo del ojo, lo que extingue mi entusiasmo. Aun recuerdo todo lo que le dije ayer, y sus sentimientos hacia mí no deben de ser muy positivos.
Desearía pasar todo el día en el hospital con mi hermana, pero dentro de mi cabeza ha surgido un recuerdo que me obliga a hacer una locura. Ha pasado una semana desde que llegué.
-Hola. - me siento junto a Willa, la iniciada osada junto a la que me senté el Día de la Elección, a la hora de comer. Tengo que reprimir mis ganas de sentarme sola.
-¡Eleanor! ¿Qué tal? ¿Cómo va la iniciación? - la chica está eufórica como siempre, a pesar de una sinuosa cicatriz bajo su ojo derecho.
-Bien. - respondo con sequedad.
-A una de mis compañeras no se le ocurrió otra cosa que pegarme con un anillo afilado – comenta como si nada al descubrir que observo su nueva marca. - Es un recuerdo de la batalla.
Durante la comida, Willa y su amiga Sheyla no dejan de charlar animadamente sobre la iniciación y hacerme preguntas a las que respondo con monosílabos Cuando me preguntan por mi antigua facción, les lanzo a ambas una mirada amenazadora que las deja algo petrificadas. Pero recuperan su capacidad de parlotear enseguida. Al parecer, esta noche, todos los iniciados osados pasarán por el puesto de tatuajes para recordar esta etapa de sus vidas. Tatuarme la piel siempre ha sido algo que me ha fascinado, aunque desde que llegué aquí no he tenido tiempo para hacer tal cosa.
Cuando termino de comer, apoyo ambos brazos en la mesa y, disimuladamente, dejo que el cuchillo con el que he cortado la hamburguesa se cuele por la manga de mi negra chaqueta de cuero.
-Willa, necesito tu ayuda - susurro sin mirarla. - ¿Podrías acompañarme?
La chica se disculpa ante Sheyla y el resto de los compañeros osados que se han ido incorporando al grupo para acompañarme al exterior del comedor, al Foso, donde el ruido de la agua impide que nos oigan.
-Necesito encontrar una salida. Una puerta o algo para salir a las calles. ¿Podrías ayudarme?
-Eso está prohibido - no lo dice con miedo, sino con una chispa de emoción. Es extraño poder ver cómo alguien tiene las mismas reacciones que yo tenía en Erudición, cuando decidía escaparme por las noches. Siento una punzada de celos tan solo de pesar que ella lo ha podido hacer libremente toda su vida. Si hubiera nacido aquí, las cosas serían tan diferentes. En el fondo, poco a poco, comienzo a enamorarme de esta facción, aunque los entrenamientos no me permitan disfrutar de los detalles más osados, como un simple tatuaje o una charla animada entre colegas. Mi lado solitario y el osado han iniciado una lucha interna que parece no tener fin.
Willa me conduce por los oscuros y sinuosos pasillos de osadías hasta una puerta oculta en las sombras.
-Detrás de esta puerta hay unos escalones que te llevan al exterior. - al tirar con fuerza para abrir la puerta, ésta produce un sonido chirriante y el sonido se propaga por los túneles, que ahora están en un silencio demasiado absoluto. ¿Cuánto hace que alguien no pasa por aquí? - Buena suerte con lo que sea que vayas a hacer. Intentaré cubrirte.
Casi podría decir que me guiña el ojo, aunque no puedo verlo a causa de la oscuridad total. Antes de iniciar mi ascenso por la escalera de metal, me giro para observar el túnel, demasiado oscuro y silencioso para encontrarse en el complejo de Osadía. El vello de la nuca se me eriza y reprimo el impulso de echar a correr.
Los escalones son resbaladizos y tras la eterna subida me topo con otra puerta igual de ruidosa. A diferencia de lo que esperaba, no me inunda la luz solar, sino que aparezco en una extraña habitación destrozada y polvorienta. Estoy en una de las casas destruidas que hay en la zona del pantano, en la sección Osada. No tardo en dar con la salida, aunque cuando lo logro, soy incapaz de salir al exterior. Me quedo completamente paralizada en mitad de una estancia amplia y polvorienta. Justo en la puerta de la casa está mi maleta, la maleta que le di a Stan hace una semana exactamente.
Debería cogerla, para eso he salido. Ya hace una semana que llegué al complejo de Osadía y él la ha traído, tal y como le pedí. Pero, es extraño, ¿dónde está? ¿Por qué no está aquí? Ni me planteo el que se haya marchado sin hablar conmigo. No. Debe estar en alguna parte, cabreado. Muy cabreado.
Apenas afirmo este pensamiento, siento un golpe en la espalda que me desarma. Ahogo un grito y apoyo ambas manos en el sucio suelo para no caer. Entonces, un pesado pie me golpea en el estómago, dejándome sin aire y haciéndome caer. Intento ponerme en pie, pero una helada mano me coge por el cuello y me levanta sin esfuerzo como si mi cuerpo no pesara más que el aire.
Mi espalda se estrella una y otra vez contra la pared de ladrillo y no puedo respirar. Me quedo sin aire y mi visión se llena de oscuros puntos negros que me impiden ver nada. El dolor es atroz y la cabeza no deja de darme vueltas. Estoy muriendo. Poco a poco. Muy poco a poco.
Entonces todo cesa. Mis pies vuelven a tocar el suelo y la presión en el cuello desaparece, siendo sustituida por un brazo que me presiona sobre el pecho, impidiéndome el movimiento. Intento sujetar el cuchillo de la manga, pero estoy tan débil que acaba resbalando entre los dedos.
-Cuánto te queda por aprender, cielo.
Escucho un golpe metálico y supongo que ha lanzado el cubierto lejos de mi alcance. Me conoce demasiado bien. ¿Cómo he podido ser tan tonta? En teoría, yo debería de conocerlo tan bien como él a mí.
-Dime algo, cariño. - su voz provoca escalofríos por todo mi cuerpo.
-Voy a...
Pero no ne deja terminar. Presiona su cuerpo contra el mío de forma asfixiante y me besa de forma brusca. Mi cuerpo se debate entre el dolor y el placer, llegando hasta mi mente, que es incapaz de mantener una idea clara. La explosión de sensaciones me impide mantenerme consciente, y vuelvo a sentir que todo a mi alrededor comienza a girar velozmente.
-¿De verdad quieres matarme? - pregunta separándose unos milímetros, aunque vuelve a fundirse enseguida - No sabes las ganas que tenía de volver a oírte amenazarme. La diferencia entre ésta y la última vez es que no vas armada, no podrás apuñalarme.
-Lo lamentarás - respondo sin aliento, luchando contra la fuerza que me arrastra hacia la inconsciencia.
-¿Qué vas a hacer? - ahora suena enfadado, lo que pocas veces le ocurre. Vuelve a cogerme por el cuello y golpea mi cuerpo contra la pared - Tú y yo teníamos un trato. - Abro los ojos lo suficiente para encontrarme con su mano sujetando una fotografía. Todo es borroso, pero puedo distinguirnos a Chloe y a mí con nueve años, vestidas de azul y jugando en nuestro dormitorio. Es la única foto que he guardado en mi cuaderno de dibujo - Chloe Stone. ¿No era así? - escuchar el nombre de mi hermana en su boca me provoca nauseas - Alguna vez me mencionaste que tu hermana era demasiado erudita, aunque me prometiste encontrarla en Abnegación. - empiezo a temblar, incapaz de tranquilizarme. No puede ser... - Después de comprobar que no está en ninguna de esas dos facciones he deducido que tu hermanita tiene un pequeño secreto - se acerca a mí aún más, aunque no rompe el contacto visual - Divergencia.
No puedo evitar abrir los ojos presa del miedo.
-¿Así que ya sabías que es eso? Los altos cargos de erudición también lo saben, y están muy interesados en ello. ¿Qué ocurriría si encontrase a tu hermanita y les hablara de ella? - esta vez si rompe el contacto y se aproxima hasta que sus labios rozan el lóbulo de mi oreja - Sabes que la encontraré.
-Cabrón. - intento resistirme como puedo, pero mis intentos resultan patéticos y lo único que consigo es debilitarme más aún y que Stan me zarandee al reír a carcajadas. ¿Qué me hará ahora? No me cabe duda de que intentará abusar de mí. Nada puede detenerle. Ni siquiera yo. He sido una estúpida por confiar en él y pensar que me libraría para siempre de su presencia cuando llegara a Osadía. Tratar con los abandonados no es ningún juego de niños.
Aunque algo está claro: no pienso suplicarle.
Vuelve a presionar su cuerpo contra el mío y su boca me muerde por toda la clavícula, ascendiendo por el cuello e ignorando mi resistencia. Cierro los ojos ante la desesperación.
Entonces, el peso de mi cuerpo desaparece y caigo al suelo con un golpe seco, clavándome todas las rocas en las mano y los brazos desnudos. Permanezco inmóvil, derrotada, esperando alguna patada en el costado o la presencia de su cuerpo sobre el mío. Pero los minutos pasan y no hay nada, tan solo un agudo pitido en mis oídos. No abro los ojos, sino que me rindo por completo a la oscuridad.
Escucho golpes a mi alrededor y un grito de dolor que me recorre la espalda. Estoy completamente inmovilizada, sin fuerzas para levantarme siquiera.
El silencio regresa y tan solo abro los ojos cuando escucho una voz cálida susurrar mi nombre, una voz que no pertenece a mi atacante. Una mano fría y húmeda me acaricia con suavidad el brazo y un dolor atroz me recorre, aunque estoy demasiado débil incluso para gritar. Toso con fuerza, provocando que una nube de polvo entre en mi nariz, y siento que las fosas nasales me arden.
-Eleanor...
Parpadeo para acostumbrarme a la luz hasta que, finalmente, consigo distinguir al chico que hay frente a mí.
-¿Royce? - pregunto en un susurro ronco.
Se inclina sobre mí y pasa una mano por debajo de mis piernas, levantándome como si no pesara nada.
-Menos mal. Pensaba que había llegado demasiado tarde. - me aprieta contra su pecho, lo que no consigo soportar.
-Bájame - susurro en seguida.
El chico no se resiste y me ayuda a estabilizarme sobre el suelo. ¿Cómo me ha encontrado? Ahora no es el momento de preguntárselo.
Miro a un lado y a otro. Royce ha conseguido dejar inconsciente a Stan, cuya cara está llena de sangre. ¿Cómo ha podido vencerle? Siento una punzada de celos. Yo debería haber sido quien le diera tal paliza.
A continuación, todo ocurre demasiado rápido. Veo el afilado cuchillo en la mano de Stan y no lo dudo ni un segundo. Aparto a Royce a un lado y me giro para enfrentarme a él en el momento en que se levanta.
Noto el afilado objeto recorrer mi brazo derecho, aunque consigo derribar a Stan cargando en mi hombro toda la fuerza que me queda, la cual parece ser suficiente. El joven, ya de por sí debilitado, choca con la pared medio derruida que hay justo a su espalda y cae al suelo, dejando que el cuchillo haga un ruido metálico al caer.
Ni siquiera me molesto en recapacitar. No me importa la sangre que recorre mi brazo, solo puedo pensar en golpearle una y otra vez, aunque mis golpes no son todo lo fuertes que a mí me gustaría.
Este cabrón ha amenazado a mi hermana.
Quiere entregarla a los eruditos.
Tengo que matarlo antes de que eso ocurra.
Royce me había quitado la oportunidad de vengarme.
Ahora puedo hacerlo.
-¡Déjalo ya! - los brazos del osado me levantan de nuevo, como si nada. Aun así, sigo golpeando al aire, intentando zafarme de él.
-¡Tengo que matarlo! ¡TENGO QUE MATARLO!
-Estás herida, estúpida - nada más soltarme siento una fuerte bofetada en la mejilla que me hace caer hacia atrás – E histérica. Y él está inconsciente. Tenemos que irnos antes de que vuelva en sí. No se atreverá a seguirnos.
¿Por qué no me deja matarlo? No sería la primera vez. Puedo hacerlo sin problemas. Pero está claro que Royce no está dispuesto a permitirme cruzar ese límite.
-Aun no - susurro sin aliento, arrastrándome con dificultad hasta el cuerpo inconsciente de Stan.
Escucho a Royce resoplar y caminar detrás de mí, dispuesto a llevarme a rastras. Sin embargo, se detiene sorprendido cuando comienzo a rebuscar en los bolsillos de Stan.
-¿Qué buscas? - no respondo, sino que me dejo dominar por la histeria con cada bolsillo nuevo que descubro en su ropa, amarilla cordial y gris abnegada. - Eleanor, ¿qué estás buscando?
Sus manos sujetan las mías un par de segundos, lo que me altera aún más. No hay tiempo.
-¡Una foto! Estoy buscando una fotografía. Me la ha enseñado. Tiene que tenerla en algún lado.
Royce no duda ni un segundo en echarme una mano, y ambos rebuscamos por los bolsillo de los pantalones, la camisa y la chaqueta.
-¡La tengo! - apenas dejo que Royce la mire. Se la quito y la aprieto contra mi pecho protegiéndola - Ahora sí que nos vamos, Eleanor.
Royce me conduce hasta la puerta casi sin darme cuenta. Justo antes de cruzarla caigo en la cuenta.
-¡La maleta!
El chico estaba preparado para sujetarme por si acaso. Se inclina un poco y clava sus ojos oscuros en los míos.
-Iré yo.
-Ten cuidado - susurro cuando ya se ha marchado y sé que no puede oírme.
¿A qué ha venido ese momento de debilidad? Bajo los escalones resbaladizos con cuidado. Royce me ha salvado, y yo lo único que he hecho por él ha sido tratarlo fatal. Desde que íbamos al colegio juntos, el chico ha intentado acercarse a mí. ¿Vería dentro de mí a una osada como lo era él? ¿O tal vez había otro motivo? O puede que tan solo intente ayudarme para quitarse a una enemiga en la iniciación.
-¡Eleanor!
-¡Estoy aquí abajo! - exclamo cuando se asoma a lo alto de la escalera. He llegado al final casi sin darme cuenta, de nuevo. Sigo demasiado aturdida por los acontecimientos.
-Vale. Pensé que te habías escaqueado de nuevo.
Su frase es seguida por un chirrido y una oscuridad total. Pocos segundos después, siento que una mano fuerte me coge de la mano y tira de mí, guiándome por la oscuridad de los túneles. Pero no avanzo durante mucho tiempo, sino que sus brazos vuelven a cogerme en seguida y pierdo la noción de todo lo que me rodea.
Cuando recupero la consciencia, me encuentro sentada en un duro e incómodo colchón, rodeada de claras luces blancas y con una enfermera a mi lado sujetando una afilada aguja.
Grito ante la sorpresa y tiro del brazo, lo que me produce un dolor horrible y los puntos negros reaparecen en mi campo de visión.
-Tranquilízate – los fuertes brazos de Royce me sujetan a la cama mientras la enfermera trata de terminar de coserme la larga y profunda herida que Stan me ha echo en el brazo. - Esto te pasa por correr por las escaleras húmedas.
-No conozco a muchos osados que se mareen con la sangre – susurra la enfermera, cuyo rostro está lleno de piercings y no transmite mucha confianza.
-¡¿Qué?!
-Eso me ha dicho tu compañero.
Miro a Royce con la boca abierta. ¿Cómo lo ha sabido? Y entonces sus ojos me miran maliciosamente y sonríe divertido. Genial, se lo acabo de confirmar.
-No me he mareado con la sangre – susurro, más para mi que para ninguno de ellos – Ha debido ser el golpe.
La enfermera pasa un eterno tiempo cosiendo mi herida y untándome una pomada cordial que hace que se me duerma el brazo. Durante todo ese tiempo, Royce permanece a mi lado, bien sujetándome el brazo, momento incluso en los que estoy tranquila, o bien charlando conmigo, aunque yo no participe muy activamente en la conversación. Sin embargo, cuando llega el momento de que la enfermera cure a Royce, quien no ha salido tan ileso como parecía de la pelea con Stan, no puedo soportar ver la herida emanar de sus heridas y, sin apenas mirarlo, me marcho en busca de la cama ocho.
Me sorprendo al encontrarla con sus enormes ojos oscuros divagando por la estancia.
-¡Eleanor! - exclama con voz ronca.
Me quedo boquiabierta. ¿Cómo es posible? Ayer parecía un vegetal, conectada a cientos de tubos; y ahora vuelve a tener ese brillo de vitalidad en los ojos.
-Te mataría – me acerco a ella y la abrazo, incapaz de contener la emoción. Incluso así, metida en una cama de hospital, sigue siendo igual de... ¿qué? ¿Ilusa? ¿Adorable? ¿Ambos al mismo tiempo? Pero eso no es lo que importa ahora. Lo único que importa es que está viva y feliz, y que no me ha abandonado. - Siento no haber estado hoy contigo, he tenido que hacer una cosa.
-No te preocupes. Apenas hace un par de horas que desperté y Dareon me ha estado haciendo compañía – abre mucho los ojos cuando me separo de ella y sus ojos se centran en mi brazo. - Pero, ¿qué te ha pasado?
-Esto... Bajaba corriendo por una escalera húmeda y ya sabes, las escaleras de piedra están algo afiladas – es la misma escusa que al parecer Royce ha intentado colarle a la enfermera, aunque con poco éxito, al igual que yo a mi hermana.
-¿Y esos moratones en el cuello?
-Una pelea – eso no es falso en absoluto.
-Pensaba que no estaba permitido ahogar a los iniciados. ¿Contra quién peleabas? - ¿Cómo puede ser tan lista?
-¡Chloe deja de interrogarme! - intento reír despreocupada, fracasando por completo, por lo que intento cambiar de tema cuanto antes – Por cierto, ¿quién es Dareon?
-Un chico. - responde dejándose caer en la cama y cerrando los ojos, lo que hace siempre que no quiere que descubra lo que realmente piensa.
-No me digas – el sarcasmo de mi voz la hace sonreír, lo que me desarma por completo.
-Es un iniciado osado. Su hermano está justo ahí al lado. - señala el biombo que separa su cama de la de al lado. - Cayó por las escaleras, de verdad, y se rompió el fémur.
-Deja de insinuar que miento – digo como si nada, alejándome un poco para asomarme a la cama de al lado, donde un chico de pelo rubio duerme tranquilamente con la pierna escayolada.
-En el fondo, el hecho de que intentes colarme tus trolas tiene algo bueno, ¿sabes? Odiaría tener una hermana veraz.
-¿Colarte mis trolas? ¿Desde cuándo hablas así? - pregunto incapaz de no sonreír.
-Así es como hablan los chicos de aquí. ¿No decías que tenía que acostumbrarme a ellos?
-¿De verdad? ¿Así es como hablan los chicos de aquí según tú, que llevas dos días aquí encerrada? ¿O así es como habla ese tal Dareon?
-Tal vez lo sabrías si no pasaras tanto tiempo sola, Eleanor – Chloe me fulmina con la mirada, lo que empieza a confirmar mis sospechas.
-Por cierto, ¿cuántos años tiene el chico?
-Nueve. ¿A que es adorable? - sus ojos vuelven a abrirse de forma exagerada y sonríe de oreja a oreja.
-Odio a los niños – sentencio.
-Eres odiosa.
-Lo sé. Tú te llevaste toda la carisma.
-Eleanor Stone mostrando algo de sentido de humor. Esto sí que es nuevo.
-¡Hola Royce!
Me doy la vuelta y fulmino con la mirada al chico alto y de pelo despeinado que acaba de asomarse por el biombo. Tiene la camiseta negra rasgada, lo que me permite verle un pulcro vendaje blanco bajo ésta.
-Hola, Chloe. Me alegra ver que estás bien.
-Bueno. Aún me queda pasar aquí un par de días. ¿Qué te ha pasado? - mi hermana me mira a mí y al vendaje alternativamente, con el ceño fruncido.
-Esto me pasa por intentar seguirle el ritmo a tu hermana.
Mierda. Eso es suficiente para que saque sus conclusiones infalibles.
-Interesante.
-¡No! - exclamo – No es interesante.
-¿Esa no es la maleta de mi hermana?
Esto mejora por momentos.
Royce se descuelga la maleta de la espalda y, tras mirarme dubitativo, acaba dándomela a mí.
-Necesitaba unas cosas – susurro, apretándola contra mi pecho.
-¿Y has ido a por ella? ¿Has visto a mamá?
-Por supuesto que no he vuelto a pisar esa facción – respondo sin disimular la arrogancia.
-¿Entonces? ¿Te la han traído? ¿A quién mandaste?
-A un chaval. Pero no era de erudición, a no ser que se hiciera pasar por abandonado. - vocalizo un “cállate” hacia Royce, intentando que Chloe no me vea. Pero ya es demasiado tarde.
-¿Un abandonado? ¡Eleanor! ¡Son peligrosos!
-No me hables como si fueras mayor que yo – pongo los ojos en blanco y me apoyo contra la pared, despreocupada. Al final ha acabado averiguándolo.
-Soy mayor que tú.
-Pues no lo pareces. El hecho de que yo naciera antes y por ello supuestamente tú seas mayor no te hace más madura, Chloe.
-Aun así, eso no me impide querer protegerte.
-Esta discusión no nos lleva a ninguna parte. - canturreo.
-El echo de que sigas tratando con abandonados tampoco te lleva a ninguna parte.
-¿Cómo? - pregunta Royce, que hasta este momento tan solo se ha dedicado a mirarnos interrogante, y ahora se centra en mí - ¿Tienes trato con abandonados?
-¡No! - respondo, intentando controlarme – Tan solo le pedí a uno de ellos que me hiciera el favor de traerme una mochila. ¡Ya está!
-No entiendes nada – susurra Royce, negando con la cabeza y con mirada penetrante. Después mira a mi hermana, quien le devuelve la mirada y niega con la cabeza, de acuerdo con él. Perfecto. Ahora los tengo a ambos aliados contra mí.
-Eleanor. Los abandonados son extremadamente recelosos. No harán nada sin pedir algo a cambio, y menos aún ayudarte a conseguir un puesto por el que ellos lucharon en algún momento.
-¿Cómo? - la sorpresa de Royce parece haber alcanzado el clímax.
-¡Crees que no me he dado cuenta de ello hoy! - susurro alterada.
Mi hermana tarda un par de segundos en recapacitar sobre a qué me refiero.
-¿Qué ha intentado hacerte? - sus tono de voz me pilla por sorpresa. Mi hermana suena enfadada. ¿Desde cuándo?
-Tranquilízate – susurro al mismo tiempo que Royce decide hacer estallar la bomba.
-¿A parte de darle una paliza? Abusar de ella.
-¡No ha abusado de mí! - intento no gritar en mitad del hospital, pero mi voz va a aumentando de tono considerablemente.
-Porque yo he llegado a tiempo, que si no... - se apoya en el extremo de la cama y se cruza de brazos. ¿Qué espera? ¿Un gracias? ¿Después de lo que ha liado?
-Podría haber cuidado de mí misma. - intento sonar segura de mí misma, pero fracaso estrepitosamente.
-No parecía eso. - ¿A quién quiero engañar?
-No sé por qué me seguías.
-Sabía que tramabas algo cuando te vi coger el cuchillo. - Pero...
-¡Deja de vigilarme!
-¿Y si no quiero? - ¿qué tiene este tío contra mí?
-Acosador.
-Traidora. - Ahora sí que lo mato.
-¡Imbécil! - mi hermana mi coge por el brazo y, como no tiene fuerza, acaba clavándome las uñas para aferrarse a mí.
-¡Enfermera!
-Se supone que todos iniciamos el camino en esta facción siendo unos novatos, ¿sabes?
-Haber sido más listo que yo.
En ese momento llega la enfermera. Apenas soy consciente de cuándo decide soltarme mi hermana, ni de cómo consigue la mujer sacarnos a Royce y a mí y evitar al mismo tiempo que acabemos matándonos.
-¡No te importa lo que yo haya hecho antes o después de llegar aquí! - exclamo con todas mis fuerzas una vez hemos vuelto a los oscuros túneles.
-Al menos podrías agradecerme el haberte ayudado allí arriba. Quién sabe lo que te habría hecho ese...
-¡Claro! Si quieres también te agradezco el que seas un acosador.
-¡Sólo intentaba ayudarte!
-¡Yo no te he pedido ayuda!
-¡Me preocupo por ti, Eleanor!
Toda mi rabia desaparece de golpe. ¿Preocupado por mí? ¿Y esto a qué viene ahora?
-¿Por qué? - a pesar de mi esfuerzo por sonar enfadada, es imposible. Ahora es cuando todo se acumula en mi cabeza. Es como aquellos momentos en los que intento enfadarme con mi hermana. ¿Por qué me pasa esto? Nunca me he encariñado con nadie, y ahora... aquí...
-Me preocupo por ti porque eres mi amiga. O porque quiero que lo seas. Defínelo como quieras. Estoy cansado – Royce se da la vuelta y desaparece por una esquina, por la que se cuela una tenue luz que pertenece al Foso.
¿Puedo considerarlo un amigo? No. ¿No puedo? ¿O no quiero?
Unos minutos más tarde recorro el camino por el que Royce acaba de desparecer. Está claro. No quiero tener amigos. Llevo años sin confiar tanto en alguien como para llamarlo “amigo”. ¿Por qué iba a hacerlo ahora que tengo todo lo que siempre he deseado y no necesito la ayuda de nadie?
Cuando llego al solitario comedor para cenar, descubro a Royce sentado en una de las mesas más alejadas de la puerta. Aunque me siento tentada a fingir que no lo he visto, acabo acercándome con mi bandeja llena de comida.
-Parece que no vas a dejar de seguirme hoy, ¿no? - intento sonar divertida, pero Royce me dedica una mirada fría como el hielo – Está bien. Esto no se me da nada bien, ¿vale? Pero siento que te debo algo. Así que gracias por ayudarme antes con Stan.
-Stan – susurra con una voz llena de odio.
-Sin embargo, no puedo considerarte amigo mío. Llevo años sin catalogar a nadie con esa palabra.
-Tal vez haya llegado el momento de hacerlo, ¿no crees?
-Soy una loba solitaria.
-No hace falta que lo jures – la comisura de su boca se inclina en una tímida sonrisa.
-Es complicado. Y soy demasiado egoísta. No quiero tener ninguna relación con nadie a no ser que consiga algo con ello.
-Salvo con Chloe, ¿no?
-Chloe es mi hermana. - susurro jugando con el tenedor en mi mano.
-La relación entre hermanos y amigos no es tan diferente, Eleanor.
Nos mantenemos la mirada el uno al otro durante unos eternos minutos.
-Tal vez... Con el tiempo.
-Me aseguraré de que cambies de parecer. - se pone de pie con la bandeja vacía y me observa sonriente desde arriba - ¿Vienes?
-Será un placer – recojo mi bandeja, intacta, y me levanto junto a él. A decir verdad, el chico es bastante alto.
-Deberías comer. Mañana hay combate.
-Tengo el desayuno. Y prefiero desayunar fuerte. Algo me dice que mañana va a ser un día importante – sonrío satisfecha mientras salimos del comedor e iniciamos el camino hacia los dormitorios.
Y no me equivoco. Al día siguiente, tras el desayuno, ha llegado el momento de mi venganza.
En la pizarra, mi nombre aparece junto al de Bruce.
jueves, 30 de octubre de 2014
CAPÍTULO OCHO
Golpeo con fuerza el saco una y otra vez. Por el rabillo del ojo descubro que mi hermana intenta imitar cada uno de mis movimientos, sin conseguir el mismo resultado. Yo soy musculosa, mientras que mi hermana es demasiado huesuda.
-Dale con los codos y las rodillas, Chloe - le digo cuando le dé al saco con el antebrazo, y contiene un grito de dolor.
Me mira perpleja y empieza a golpear con los codos. Sigue apretando la mandíbula para contener el dolor, pero el saco comienza a balancearse con algo más de fuerza.
En ese momento, Pec llega a nuestra altura para evaluar nuestro trabajo. Me observa atentamente unos minutos antes de girarse hacia mi hermana.
-Será mejor que entrenes duro, chica. Esos bracitos de niña pequeña no durarán ni un asalto.
La cara de mi hermana se vuelve del color de los sacos, rojo chillón, y yo no puedo evitar sonreír al ver a mi hermana en una situación tan incómoda.
El entrenamiento dura toda la mañana. A la hora de comer, estoy realmente hambrienta, y engullo mi hamburguesa con ansia. Mi hermana llega algo después, porque ha decidido ir a darse una ducha. Sus movimientos resultan casi robóticos, y una mueca de dolor se plasma permanentemente en su cara.
Por la tarde, volvemos a la sala de entrenamiento con nuestros inseparables sacos. Los músculos empiezan a entumecérseme, pero no me importa. Me encanta esta sensación.
Cuando Pec nos deja marchar, voy al dormitorio y me doy una rápida ducha de agua fría. Tenemos el resto de la tarde libre, hasta la cena.
-¿Vienes a dar una vuelta? - me giro y contemplo al chico que hay justo detrás de mí. Royce.
-¿No estás cansado? - pregunto con sarcasmo, y no puedo evitar echar una mirada a la litera de abajo, en la que mi hermana está completamente dormida.
-Para nada. Esto ha sido una especie de calentamiento para lo que se avecina. - le dedico una sonrisa y asiento con la cabeza.
Nos dirigimos al foso y entramos en una tienda de ropa. Me compro varios conjuntos oscuros y unas botas con cordones. Royce se prueba una chaqueta de cuero negra que le queda perfecta, y yo me compro una igual. Nos topamos con una tienda de tatuajes y contemplo con fascinación los diseños que se exponen en el escaparate. Ambos estamos dispuestos a entrar, pero la cola formada por iniciados es enorme, así que nos marchamos para regresar otro día.
Decido tomar una cena ligera, aunque resulta difícil con el tipo de comida que sirven los osados.
Pasamos los siguientes días practicando duramente. Alternamos los sacos con clases de lanzar cuchillos y disparar. Fallo a caso hecho los primeros lanzamientos de cuchillos, para que no se note que controlo esto desde hace años. Mi hermana no es tan mala como esperaba, principalmente porque sé que hace todo tipo de cálculos en su cabeza antes de lanzar. Al fin y al cabo, hay algunas cosas de los eruditos que pueden resultar útiles aquí.
El primer día que disparamos, el retroceso del arma de Julian hace que la culata le impacte en la frente. Se lo llevan al centro médico, aunque por la noche ya está de nuevo en el dormitorio, con un feo moratón sobre los ojos. A mí lo de disparar no se me da tan bien, principalmente porque en el sector abandonado no hay armas con las que entrenar. Aun así solo paso unos minutos antes de acostumbrarme al arma y acertar.
Poco a poco voy conociendo más a mis compañeros. Thais, la abnegada, no es muy competente; mientras que Julian, a pesar de haber sido cordial, mejora de forma considerable. Mi hermana tiene sus altibajos, pero no es tan mala como me temía. Hay cuatro veraces: Peny, la única chica, no es muy buena, aunque al menos es mejor que Mike, uno de los chicos de su misma facción. Morgan y Bruce, el odioso veraz, se caracterizan por un afán de superioridad. Son buenos, pero no tanto como Royce y yo.
Un día, cuando llegamos a la sala de entrenamiento, Pec nos espera en el área central, junto a una pizarra. Estamos en la zona de batallas cuerpo a cuerpo. Cuando llegan todos los iniciados, Pec hace girar la pizarra y observamos las parejas de combate. Al ser impares, uno no lucha hoy: Mike. Yo lucho con Peny, Royce con Julian y Chloe con Bruce.
Maldigo en voz alta justo en el momento en el que Pec anuncia que Peny y yo somos las primeras en combatir. La lucha durará hasta que una de las dos no pueda seguir luchando o se rinda. En cuanto entramos en el círculo pintado en el suelo y Pec da la señal, me acerco a Peny, en posición defensiva. Ella no me ataca, sino que me mira nerviosa, esperando mi reacción para defenderse y atacarme por "sorpresa".
-Me estoy aburriendo - exclama Pec pasados unos minutos.
Ese es el momento. Peny lo mira asustada y yo aprovecho y le golpeo el costado con una pierna. La chica cae al suelo y espero a que se ponga de pie para poder volver a pegarle.
-Bien hecho, Eleanor. Aprovechar las distracciones externas a la hora del combate es importante, al igual que lo es no distraerse, Peny. ¡Ponte de pie!
Peny lo obedece tambaleante y se lanza contra mí sin pensarlo. Me golpea en el hombro mientras sus ojos se llenan de furia. Me tambaleo un poco, sorprendida ante su fugaz ataque, y ella aprovecha esto para encadenar varios golpes seguidos. Levanto ambos brazos para protegerme y poco a poco comienzo a seguir el patrón de sus golpes. No tardo mucho en descubrir su punto débil, la parte de su cuerpo que deja desprotegida en cuanto deja de golpearme. Me agacho y, con una agilidad que me sorprende a mí misma, levanto la pierna y le doy una patada en el pecho, en el esternón.
Cae de espaldas al suelo y aprovecho para pegarle en la cara un puñetazo que hace que me latan los nudillos. La chica gira y se queda de cara al suelo, escupiendo sangre. Me pongo de pie y espero a que se levante. Cuando lo hace, tambaleante, vuelvo a pegarle un puñetazo con todas mis fuerzas en la cara y cae al suelo de nuevo. Noto como la sangre me late con fuerza por el cuerpo y los pulmones me piden oxígeno a gritos.
La chica intenta levantarse, pero las piernas le fallan y cae al suelo de nuevo. La lucha ha acabado. Levanta la mano para indicar que se rinde y su cabeza golpea el suelo con un golpe sordo.
-Bien hecho, Eleanor - Pec se acerca a la pizarra y escribe mi nombre en el cuadro en el que se cruzan mi nombre y el de la chica inconsciente.
Un par de hombres aparecen en la sala de entrenamientos y recogen a Peny. Salgo del círculo y dejo que mi hermana y otros iniciados me golpeen el hombro de forma amistosa.
Los combates van sucediéndose poco a poco. Primero, Morgan le da tal golpe a Thais en la cabeza que esta acaba gritando histérica una rendición. Y después todos disfrutamos de una entretenida lucha entre Royce, que decide no acabar la pelea en un primer golpe, y Julian, que se esfuerza por no dejarse vencer. Sin embargo, al final, el vencedor es Royce. Julian, ante su negativa de rendirse, acaba semiinconsciente. Es el propio adversario el que lo ayuda a salir del círculo y lo sienta en el suelo para que se recupere.
-Chloe y Bruce.
Mi sonrisa de entusiasmo ante el entretenimiento que acabamos de presenciar, desaparece. Observo aterrada cómo mi hermana avanza tambaleante hacia el centro del círculo. Bruce la imita y se coloca frente a él con una enorme sonrisa de superioridad en la cara.
Todo sucede demasiado rápido. Pec apenas termina de dar la señal cuando Bruce ya ha llegado hasta mi hermana. A ésta a penas le da tiempo a lanzarme una mirada desesperada, pues Pec le asesta un fuerte puñetazo en mitad de la cara. Mi hermana cae al suelo y mis piernas comienzan a moverse por sí solas. Hay un momento en el que mi cuerpo deja de avanzar, pero sigo estando demasiado lejos.
Bruce le asienta una patada, una detrás de otra. Observo aterrada el cuerpo inmóvil de mi hermana en el suelo. Intento desesperadamente aproximarme hasta ella, pero una fuerza que soy incapaz de localizar me bloquea.
Me veo de nuevo frente a Bruce, en los dormitorios, golpeando su cara una y otra vez. Ahora veo su sonrisa de satisfacción mientras se aleja de Chloe, que permanece inmóvil. Pec corre a recoger a mi hermana del suelo, la levanta en sus brazos y lo veo desaparecer por la puerta de la sala de entrenamientos. Yo sigo bloqueada, aunque ya no me molesto en intentar luchar. Por un momento, mis ojos y los de Bruce se cruzan. Sonríe con suficiencia y de nuevo me veo golpeándole, y siento como la sangre corre por mis venas con fuerza. Se acaba de vengar de mí.
Es en ese momento en el que regreso a la realidad. Su repugnante sonrisa me ha devuelto a la consciencia.
-¡Cabrón! - grito, y la fuerza que me oprimía vuelve a hacerse patente. Lo reconozco sin mirarlo. Es Royce. ¿Por qué sigue sujetándome? - ¡Suéltame! - no le doy tiempo a hacerlo. Levanto el brazo y le golpeo con toda la fuerza que tengo en el centro de la cara, lo que le hace soltarme al instante.
Me concentro en Bruce mientras camino hacia él. “Quiero matarlo”, pienso con fuerza, y me sorprendo al descubrir que es cierto. Lo que quería hacerme a mí se lo ha hecho a la inocente de mi hermana. Ella siempre decía que había que controlar nuestras emociones. ¿Para qué? ¿De qué le ha servido eso? “Lo mataré. Dos metros y su vida habrá llegado al final”.
-¡Detente ahora mismo, Eleanor! - tengo el puño entorno al cuello de la camisa negra de Bruce. Ropa negra de osado, de valiente, aunque lo que ha hecho hace unos segundos es de todo menos valiente. Es cobardía, contra lo que luchamos los que realmente pertenecemos a Osadía – No se te ocurra golpearle, Eleanor - ¿Cómo es posible que una voz me detenga? Es una voz poderosa, llena de poder. Es una voz osada, así que debe entender que lo que hago es justificable. Intento concentrarme en el recuerdo de mi hermana, inconsciente y sangrando sobre el frío suelo. Aun así, no soy capaz de golpearle.
-¡Estaba fuera de combate en el primer golpe y este cabrón ha seguido golpeándole! ¡Voy a matarlo!
-Si ese puño lo roza, Eleanor, estarás fuera de osadía - ¡Mierda! Aparto la vista del rostro nervioso de Bruce para fijarla en Pec, quien está al borde del círculo junto al resto de iniciados, todos ellos observándome aterrados. - No permitiré una segunda infracción por tu parte.
Cierro ojos y puños con fuerza. Siento la sangre arder en el interior de mis venas y los gritos de Chloe no dejan de repetirse en mi cabeza. Aun así, la amenaza de Pec sigue estando ahí.
Y la venganza es un plato que se sirve frío.
Empujo a Bruce con el brazo con el que sujetaba el cuello de su camiseta y cae patéticamente al suelo. No espero a que nadie, ni siquiera Pec, me diga algo. Me doy la vuelta y me marcho de la sala de entrenamientos.
Estoy perdida, aunque en realidad no me importa. Me he sumergido en el laberinto de túneles, dispuesta a alejarme de todo. Y lo he conseguido. Me siento sobre el duro y frío suelo de piedra sintiéndome la hermana más horrible del mundo. De verdad, no ha peor sensación. Ahora, aquí, sola y sin poder hacer nada, llena de impotencia, revivo el combate. Mi hermana gritaba desesperada una rendición mientras el capullo de Bruce seguía pateándola, incluso cuando se hallaba inconsciente.
El dolor me palpita en la sien. Si Pec no me hubiera interrumpido, podría haber matado a Bruce sin que nadie se interpusieras, ni siquiera el penoso de Royce. ¿Qué pensaría Bruce mientras le daba a mi hermana semejante paliza? ¿Satisfacción? ¿Orgullo? ¿Se imaginaría que era yo? Seguro que sí. Aprieto ambos puños. Fue él quien empezó provocándome, lo que yo repetí. Y después me atacó, a lo que yo respondí rompiéndole la nariz. Ahora ha vuelto a causarme dolor, por lo que me toca devolverle el golpe.
El muy imbécil ha iniciado una guerra con la persona equivocada. Me aseguraré de que sea un golpe definitivo.
No sé cómo, pero mi cuerpo fantasmal consigue llegar al dormitorio. Ignoro la litera vacía que hay bajo mi cama y cierro los ojos con fuerza, intentando desesperadamente alejarme de la realidad. Necesito descansar, tranquilizarme y planear una venganza.
-Hola.
Abro los ojos al no reconocer la voz, y me llevo una sorpresa al ver a Royce y Julian, el primero de ellos con una escayola en la nariz, y el segundo con la cara morada.
-¿Cómo estás? - pregunta Julian con voz ronca.
Los miro a uno y otro, sorprendida. ¿De verdad han decidido despertarme para preguntarme cómo estoy? Me muerdo la lengua antes de soltar algún improperio y vuelvo a cerrar los ojos.
-Ya podías preguntarnos a nosotros que tal nos va, estúpida – la extraña voz suena enfadada, pero no consigue causarme el más mínimo respeto, sino todo lo contrario – Me has roto la nariz.
Me ha llamado estúpida. Después de lo que ha visto, hay que tener valor.
-No me hubiera retenido – respondo con firmeza. No me arrepiento de haberle golpeado.
-Tranquila, no volveré a preocuparme por ti – no necesito abrir los ojos para notar su ausencia. No me importa lo más mínimo.
-No deberías ser así – al parecer aún tengo que librarme de la presencia de Julian, una tarea difícil.
-Me ha insultado. Debería aplastarle la cabeza contra la pared.
-Venimos del hospital, de escayolarle la nariz – responde como si no lo hubiera interrumpido. ¡Como si a mí me importase lo que han estado haciendo esta tarde! ¿Cómo puedo librarme de este pesado? - Allí está tu hermana – vale, no solo era por contarme su vida. Sigo con los ojos cerrados, aunque centro más atención en su voz – No nos han dejado verla. Pec también estaba allí, buscándote.
-No pienso hablar con él – respondo tajante.
-Creo que sólo quiere informarte sobre el estado de tu hermana – o tal vez quiera expulsarme de Osadía.
-¡Me da igual! - estallo – Quiero que me deje en paz. ¡Él, tú y todo el mundo!
Julian abre mucho los ojos y me mira como un animalillo indefenso. Su mirada me recuerda tanto a la de Chloe que, por un momento, tengo que reprimir las ganas de lanzarme hacia él y abrazarlo. Sin embargo, justo cuando voy a derrumbarme, Julian se de la vuelta, dispuesto a marcharse. Me fijo en su espalda y me doy cuenta de cuánto a cambiado en tan poco tiempo. Ha pasado de ser un chico escuálido y temeroso a ser un musculoso iniciado osado, lleno de vida. Sin embargo, en su rostro, sus ojos siguen cargados de inocencia e inseguridad.
-Tus amigos se cansarán de que los trates así. - lo escucho susurrar, y tengo que esforzarme en no gritarle que él no es mi amigo, que ninguno de los que hay aquí los es, que no necesito amigos. La amistad no existe.
Me dejo caer de nuevo en la cama y cierro los ojos.
-Mis padres dicen que tu hermana es rara.
-No digas eso de ella. Eleanor es mi hermana.
-Sí, lo sé, pero no es como tú. Tú eres buena y simpática. Mis padres dicen que tu hermana es muy salvaje.
-¡Mi hermana no es salvaje! También es tu amiga.
-No quiero tener una amiga rara. Pero tú puedes seguir siendo mi amiga.
-¿Y quién ha dicho que quiera ser amiga tuya?
-¿No quieres serlo?
-Acabas de llamar rara a mi hermana. ¡Quiero que te vayas!
-Pues me iré.
Se escucha un sollozo justo después del portazo que hace temblar las paredes.
-Eleanor, ¿estás bien? No sabía que estabas ahí.
Una cabecita aparece por el borde del colchón, pero vuelve a desaparecer rápidamente.
-Eleanor, no le hagas caso. Es tonta.
Otro sollozo.
-Eleanor, por favor. Di algo.
-No vuelvas a dar la cara por mí.
-¿Por qué no, Eleanor? Eres mi hermana. Debemos cuidar la una de la otra. Eleanor. Eleanor. Eleanor.
-¡Eleanor!
Abro los ojos sobresaltada y ahogo un grito. Las luces del dormitorio están encendidas, y todo el mundo está despierto, observándome. Miro a uno y otro lado, preguntándome si habré hablado en sueños, Pero, si lo he hecho, no es por eso por lo que me miran.
No sé cuantos segundos tardo en encontrarme con los ojos del hombre que ha gritado mi nombre.
-Eleanor Stone. Ven conmigo.
Genial, pienso mientras bajo de la litera. Pec va a echarme de Osadía.
-Dale con los codos y las rodillas, Chloe - le digo cuando le dé al saco con el antebrazo, y contiene un grito de dolor.
Me mira perpleja y empieza a golpear con los codos. Sigue apretando la mandíbula para contener el dolor, pero el saco comienza a balancearse con algo más de fuerza.
En ese momento, Pec llega a nuestra altura para evaluar nuestro trabajo. Me observa atentamente unos minutos antes de girarse hacia mi hermana.
-Será mejor que entrenes duro, chica. Esos bracitos de niña pequeña no durarán ni un asalto.
La cara de mi hermana se vuelve del color de los sacos, rojo chillón, y yo no puedo evitar sonreír al ver a mi hermana en una situación tan incómoda.
El entrenamiento dura toda la mañana. A la hora de comer, estoy realmente hambrienta, y engullo mi hamburguesa con ansia. Mi hermana llega algo después, porque ha decidido ir a darse una ducha. Sus movimientos resultan casi robóticos, y una mueca de dolor se plasma permanentemente en su cara.
Por la tarde, volvemos a la sala de entrenamiento con nuestros inseparables sacos. Los músculos empiezan a entumecérseme, pero no me importa. Me encanta esta sensación.
Cuando Pec nos deja marchar, voy al dormitorio y me doy una rápida ducha de agua fría. Tenemos el resto de la tarde libre, hasta la cena.
-¿Vienes a dar una vuelta? - me giro y contemplo al chico que hay justo detrás de mí. Royce.
-¿No estás cansado? - pregunto con sarcasmo, y no puedo evitar echar una mirada a la litera de abajo, en la que mi hermana está completamente dormida.
-Para nada. Esto ha sido una especie de calentamiento para lo que se avecina. - le dedico una sonrisa y asiento con la cabeza.
Nos dirigimos al foso y entramos en una tienda de ropa. Me compro varios conjuntos oscuros y unas botas con cordones. Royce se prueba una chaqueta de cuero negra que le queda perfecta, y yo me compro una igual. Nos topamos con una tienda de tatuajes y contemplo con fascinación los diseños que se exponen en el escaparate. Ambos estamos dispuestos a entrar, pero la cola formada por iniciados es enorme, así que nos marchamos para regresar otro día.
Decido tomar una cena ligera, aunque resulta difícil con el tipo de comida que sirven los osados.
Pasamos los siguientes días practicando duramente. Alternamos los sacos con clases de lanzar cuchillos y disparar. Fallo a caso hecho los primeros lanzamientos de cuchillos, para que no se note que controlo esto desde hace años. Mi hermana no es tan mala como esperaba, principalmente porque sé que hace todo tipo de cálculos en su cabeza antes de lanzar. Al fin y al cabo, hay algunas cosas de los eruditos que pueden resultar útiles aquí.
El primer día que disparamos, el retroceso del arma de Julian hace que la culata le impacte en la frente. Se lo llevan al centro médico, aunque por la noche ya está de nuevo en el dormitorio, con un feo moratón sobre los ojos. A mí lo de disparar no se me da tan bien, principalmente porque en el sector abandonado no hay armas con las que entrenar. Aun así solo paso unos minutos antes de acostumbrarme al arma y acertar.
Poco a poco voy conociendo más a mis compañeros. Thais, la abnegada, no es muy competente; mientras que Julian, a pesar de haber sido cordial, mejora de forma considerable. Mi hermana tiene sus altibajos, pero no es tan mala como me temía. Hay cuatro veraces: Peny, la única chica, no es muy buena, aunque al menos es mejor que Mike, uno de los chicos de su misma facción. Morgan y Bruce, el odioso veraz, se caracterizan por un afán de superioridad. Son buenos, pero no tanto como Royce y yo.
Un día, cuando llegamos a la sala de entrenamiento, Pec nos espera en el área central, junto a una pizarra. Estamos en la zona de batallas cuerpo a cuerpo. Cuando llegan todos los iniciados, Pec hace girar la pizarra y observamos las parejas de combate. Al ser impares, uno no lucha hoy: Mike. Yo lucho con Peny, Royce con Julian y Chloe con Bruce.
Maldigo en voz alta justo en el momento en el que Pec anuncia que Peny y yo somos las primeras en combatir. La lucha durará hasta que una de las dos no pueda seguir luchando o se rinda. En cuanto entramos en el círculo pintado en el suelo y Pec da la señal, me acerco a Peny, en posición defensiva. Ella no me ataca, sino que me mira nerviosa, esperando mi reacción para defenderse y atacarme por "sorpresa".
-Me estoy aburriendo - exclama Pec pasados unos minutos.
Ese es el momento. Peny lo mira asustada y yo aprovecho y le golpeo el costado con una pierna. La chica cae al suelo y espero a que se ponga de pie para poder volver a pegarle.
-Bien hecho, Eleanor. Aprovechar las distracciones externas a la hora del combate es importante, al igual que lo es no distraerse, Peny. ¡Ponte de pie!
Peny lo obedece tambaleante y se lanza contra mí sin pensarlo. Me golpea en el hombro mientras sus ojos se llenan de furia. Me tambaleo un poco, sorprendida ante su fugaz ataque, y ella aprovecha esto para encadenar varios golpes seguidos. Levanto ambos brazos para protegerme y poco a poco comienzo a seguir el patrón de sus golpes. No tardo mucho en descubrir su punto débil, la parte de su cuerpo que deja desprotegida en cuanto deja de golpearme. Me agacho y, con una agilidad que me sorprende a mí misma, levanto la pierna y le doy una patada en el pecho, en el esternón.
Cae de espaldas al suelo y aprovecho para pegarle en la cara un puñetazo que hace que me latan los nudillos. La chica gira y se queda de cara al suelo, escupiendo sangre. Me pongo de pie y espero a que se levante. Cuando lo hace, tambaleante, vuelvo a pegarle un puñetazo con todas mis fuerzas en la cara y cae al suelo de nuevo. Noto como la sangre me late con fuerza por el cuerpo y los pulmones me piden oxígeno a gritos.
La chica intenta levantarse, pero las piernas le fallan y cae al suelo de nuevo. La lucha ha acabado. Levanta la mano para indicar que se rinde y su cabeza golpea el suelo con un golpe sordo.
-Bien hecho, Eleanor - Pec se acerca a la pizarra y escribe mi nombre en el cuadro en el que se cruzan mi nombre y el de la chica inconsciente.
Un par de hombres aparecen en la sala de entrenamientos y recogen a Peny. Salgo del círculo y dejo que mi hermana y otros iniciados me golpeen el hombro de forma amistosa.
Los combates van sucediéndose poco a poco. Primero, Morgan le da tal golpe a Thais en la cabeza que esta acaba gritando histérica una rendición. Y después todos disfrutamos de una entretenida lucha entre Royce, que decide no acabar la pelea en un primer golpe, y Julian, que se esfuerza por no dejarse vencer. Sin embargo, al final, el vencedor es Royce. Julian, ante su negativa de rendirse, acaba semiinconsciente. Es el propio adversario el que lo ayuda a salir del círculo y lo sienta en el suelo para que se recupere.
-Chloe y Bruce.
Mi sonrisa de entusiasmo ante el entretenimiento que acabamos de presenciar, desaparece. Observo aterrada cómo mi hermana avanza tambaleante hacia el centro del círculo. Bruce la imita y se coloca frente a él con una enorme sonrisa de superioridad en la cara.
Todo sucede demasiado rápido. Pec apenas termina de dar la señal cuando Bruce ya ha llegado hasta mi hermana. A ésta a penas le da tiempo a lanzarme una mirada desesperada, pues Pec le asesta un fuerte puñetazo en mitad de la cara. Mi hermana cae al suelo y mis piernas comienzan a moverse por sí solas. Hay un momento en el que mi cuerpo deja de avanzar, pero sigo estando demasiado lejos.
Bruce le asienta una patada, una detrás de otra. Observo aterrada el cuerpo inmóvil de mi hermana en el suelo. Intento desesperadamente aproximarme hasta ella, pero una fuerza que soy incapaz de localizar me bloquea.
Me veo de nuevo frente a Bruce, en los dormitorios, golpeando su cara una y otra vez. Ahora veo su sonrisa de satisfacción mientras se aleja de Chloe, que permanece inmóvil. Pec corre a recoger a mi hermana del suelo, la levanta en sus brazos y lo veo desaparecer por la puerta de la sala de entrenamientos. Yo sigo bloqueada, aunque ya no me molesto en intentar luchar. Por un momento, mis ojos y los de Bruce se cruzan. Sonríe con suficiencia y de nuevo me veo golpeándole, y siento como la sangre corre por mis venas con fuerza. Se acaba de vengar de mí.
Es en ese momento en el que regreso a la realidad. Su repugnante sonrisa me ha devuelto a la consciencia.
-¡Cabrón! - grito, y la fuerza que me oprimía vuelve a hacerse patente. Lo reconozco sin mirarlo. Es Royce. ¿Por qué sigue sujetándome? - ¡Suéltame! - no le doy tiempo a hacerlo. Levanto el brazo y le golpeo con toda la fuerza que tengo en el centro de la cara, lo que le hace soltarme al instante.
Me concentro en Bruce mientras camino hacia él. “Quiero matarlo”, pienso con fuerza, y me sorprendo al descubrir que es cierto. Lo que quería hacerme a mí se lo ha hecho a la inocente de mi hermana. Ella siempre decía que había que controlar nuestras emociones. ¿Para qué? ¿De qué le ha servido eso? “Lo mataré. Dos metros y su vida habrá llegado al final”.
-¡Detente ahora mismo, Eleanor! - tengo el puño entorno al cuello de la camisa negra de Bruce. Ropa negra de osado, de valiente, aunque lo que ha hecho hace unos segundos es de todo menos valiente. Es cobardía, contra lo que luchamos los que realmente pertenecemos a Osadía – No se te ocurra golpearle, Eleanor - ¿Cómo es posible que una voz me detenga? Es una voz poderosa, llena de poder. Es una voz osada, así que debe entender que lo que hago es justificable. Intento concentrarme en el recuerdo de mi hermana, inconsciente y sangrando sobre el frío suelo. Aun así, no soy capaz de golpearle.
-¡Estaba fuera de combate en el primer golpe y este cabrón ha seguido golpeándole! ¡Voy a matarlo!
-Si ese puño lo roza, Eleanor, estarás fuera de osadía - ¡Mierda! Aparto la vista del rostro nervioso de Bruce para fijarla en Pec, quien está al borde del círculo junto al resto de iniciados, todos ellos observándome aterrados. - No permitiré una segunda infracción por tu parte.
Cierro ojos y puños con fuerza. Siento la sangre arder en el interior de mis venas y los gritos de Chloe no dejan de repetirse en mi cabeza. Aun así, la amenaza de Pec sigue estando ahí.
Y la venganza es un plato que se sirve frío.
Empujo a Bruce con el brazo con el que sujetaba el cuello de su camiseta y cae patéticamente al suelo. No espero a que nadie, ni siquiera Pec, me diga algo. Me doy la vuelta y me marcho de la sala de entrenamientos.
Estoy perdida, aunque en realidad no me importa. Me he sumergido en el laberinto de túneles, dispuesta a alejarme de todo. Y lo he conseguido. Me siento sobre el duro y frío suelo de piedra sintiéndome la hermana más horrible del mundo. De verdad, no ha peor sensación. Ahora, aquí, sola y sin poder hacer nada, llena de impotencia, revivo el combate. Mi hermana gritaba desesperada una rendición mientras el capullo de Bruce seguía pateándola, incluso cuando se hallaba inconsciente.
El dolor me palpita en la sien. Si Pec no me hubiera interrumpido, podría haber matado a Bruce sin que nadie se interpusieras, ni siquiera el penoso de Royce. ¿Qué pensaría Bruce mientras le daba a mi hermana semejante paliza? ¿Satisfacción? ¿Orgullo? ¿Se imaginaría que era yo? Seguro que sí. Aprieto ambos puños. Fue él quien empezó provocándome, lo que yo repetí. Y después me atacó, a lo que yo respondí rompiéndole la nariz. Ahora ha vuelto a causarme dolor, por lo que me toca devolverle el golpe.
El muy imbécil ha iniciado una guerra con la persona equivocada. Me aseguraré de que sea un golpe definitivo.
No sé cómo, pero mi cuerpo fantasmal consigue llegar al dormitorio. Ignoro la litera vacía que hay bajo mi cama y cierro los ojos con fuerza, intentando desesperadamente alejarme de la realidad. Necesito descansar, tranquilizarme y planear una venganza.
-Hola.
Abro los ojos al no reconocer la voz, y me llevo una sorpresa al ver a Royce y Julian, el primero de ellos con una escayola en la nariz, y el segundo con la cara morada.
-¿Cómo estás? - pregunta Julian con voz ronca.
Los miro a uno y otro, sorprendida. ¿De verdad han decidido despertarme para preguntarme cómo estoy? Me muerdo la lengua antes de soltar algún improperio y vuelvo a cerrar los ojos.
-Ya podías preguntarnos a nosotros que tal nos va, estúpida – la extraña voz suena enfadada, pero no consigue causarme el más mínimo respeto, sino todo lo contrario – Me has roto la nariz.
Me ha llamado estúpida. Después de lo que ha visto, hay que tener valor.
-No me hubiera retenido – respondo con firmeza. No me arrepiento de haberle golpeado.
-Tranquila, no volveré a preocuparme por ti – no necesito abrir los ojos para notar su ausencia. No me importa lo más mínimo.
-No deberías ser así – al parecer aún tengo que librarme de la presencia de Julian, una tarea difícil.
-Me ha insultado. Debería aplastarle la cabeza contra la pared.
-Venimos del hospital, de escayolarle la nariz – responde como si no lo hubiera interrumpido. ¡Como si a mí me importase lo que han estado haciendo esta tarde! ¿Cómo puedo librarme de este pesado? - Allí está tu hermana – vale, no solo era por contarme su vida. Sigo con los ojos cerrados, aunque centro más atención en su voz – No nos han dejado verla. Pec también estaba allí, buscándote.
-No pienso hablar con él – respondo tajante.
-Creo que sólo quiere informarte sobre el estado de tu hermana – o tal vez quiera expulsarme de Osadía.
-¡Me da igual! - estallo – Quiero que me deje en paz. ¡Él, tú y todo el mundo!
Julian abre mucho los ojos y me mira como un animalillo indefenso. Su mirada me recuerda tanto a la de Chloe que, por un momento, tengo que reprimir las ganas de lanzarme hacia él y abrazarlo. Sin embargo, justo cuando voy a derrumbarme, Julian se de la vuelta, dispuesto a marcharse. Me fijo en su espalda y me doy cuenta de cuánto a cambiado en tan poco tiempo. Ha pasado de ser un chico escuálido y temeroso a ser un musculoso iniciado osado, lleno de vida. Sin embargo, en su rostro, sus ojos siguen cargados de inocencia e inseguridad.
-Tus amigos se cansarán de que los trates así. - lo escucho susurrar, y tengo que esforzarme en no gritarle que él no es mi amigo, que ninguno de los que hay aquí los es, que no necesito amigos. La amistad no existe.
Me dejo caer de nuevo en la cama y cierro los ojos.
-Mis padres dicen que tu hermana es rara.
-No digas eso de ella. Eleanor es mi hermana.
-Sí, lo sé, pero no es como tú. Tú eres buena y simpática. Mis padres dicen que tu hermana es muy salvaje.
-¡Mi hermana no es salvaje! También es tu amiga.
-No quiero tener una amiga rara. Pero tú puedes seguir siendo mi amiga.
-¿Y quién ha dicho que quiera ser amiga tuya?
-¿No quieres serlo?
-Acabas de llamar rara a mi hermana. ¡Quiero que te vayas!
-Pues me iré.
Se escucha un sollozo justo después del portazo que hace temblar las paredes.
-Eleanor, ¿estás bien? No sabía que estabas ahí.
Una cabecita aparece por el borde del colchón, pero vuelve a desaparecer rápidamente.
-Eleanor, no le hagas caso. Es tonta.
Otro sollozo.
-Eleanor, por favor. Di algo.
-No vuelvas a dar la cara por mí.
-¿Por qué no, Eleanor? Eres mi hermana. Debemos cuidar la una de la otra. Eleanor. Eleanor. Eleanor.
-¡Eleanor!
Abro los ojos sobresaltada y ahogo un grito. Las luces del dormitorio están encendidas, y todo el mundo está despierto, observándome. Miro a uno y otro lado, preguntándome si habré hablado en sueños, Pero, si lo he hecho, no es por eso por lo que me miran.
No sé cuantos segundos tardo en encontrarme con los ojos del hombre que ha gritado mi nombre.
-Eleanor Stone. Ven conmigo.
Genial, pienso mientras bajo de la litera. Pec va a echarme de Osadía.
lunes, 1 de septiembre de 2014
CAPÍTULO SIETE
-No te tengo miedo. A ti no – niego con la cabeza y por primera vez me siento realmente indefensa frente a mi madre.
Estamos en una simulación, estoy segura de ello. Y en ella ha aparecido mi madre, la única persona capaz de intimidarme. ¿Es miedo lo que siento hacia ella? Me niego a creerlo. No. No es miedo. Estoy segura. Si fuera así, no habría desafiado sus normas y su esquema de familia erudita. Si le tuviera miedo, no me hubiera escapado todas las noches desde que tengo doce años.
-Has matado a tu hermana – su voz me hiela la piel. Es fría, toda ella.
-No. No la he matado.
-Morirá por tu culpa. Esos hombres la matarán por tu culpa. – la rabia llena sus ojos.
Pienso en los hombres que la torturaban y cómo hace pocos segundos destrocé el espejo, la única ventana que me permitía ver su rostro. Pero, ¿y si no se refiriera solo a ellos? He leído documentos en la sede de Erudición que hablaban sobre las numerosas muertes en Osadía durante la iniciación. Al parecer, han incrementado la dificultad de las pruebas y los iniciados han comenzado a matarse entre ellos. ¿Se referirá a eso mi madre? Si matan a Chloe durante la iniciación… será culpa mía. Yo la he conducido a este lugar.
-Si no hubieras actuado siempre de hermana protectora podría vivir por sí misma.
Me dejo caer de rodillas contra el frío suelo. Ni siquiera sé dónde estoy. Cierro los ojos y me tapo los oídos con ambas manos, intentando dejar de escuchar a la mujer que hay enfrente de mí. Sin embargo, sus palabras siguen resonando en mi cabeza.
-Ella es fuerte y poderosa, pero tú le has arrebatado su poder. La has eclipsado y le has impedido que muestre cómo es en realidad.
¿Cómo es en realidad? Quiero gritarle que se calle, pero el tormento de los pensamientos me lo impide. Y comienzo a temblar. Esto es más duro de lo que nadie imagina. Todos esos iniciados osados se han entrenado toda su vida para esto, y los iniciados trasladados al menos tienen cualidades para osadía. ¿Qué tiene Chloe? No tienen nada, absolutamente nada. Comienzo a llorar. Tal vez si, como dice mi madre, me hubiera alejado de ella, habría podido elegir libremente su camino.
¿Qué tiene Chloe? Necesito pensar con claridad y salir de esta horrible visión que me atormenta. Necesito dejar de escuchar a mi madre. Necesito dejar de oír que seré la responsable de la muerte de mi hermana. Porque sobrevivirá.
Pero, ¿y si muere?
-No morirá – respondo, aunque mi voz apenas es un murmullo.
¿Qué tiene Chloe?
-Me tiene a mí – sueno fuerte y poderosa al afirmar esto y, al abrir los ojos, descubro aliviada que mi madre no está enfrente de mí.
-Diez miedos, Eleanor. – la voz de Pec resulta cálida y familiar una vez que he superado ese infierno.
Diez miedos. He dejado de contarlos antes de llegar a la mitad de ellos.
Asiento y bajo del sillón, pero Pec tiene que cogerme para que no me caiga de bruces. Las piernas me fallan.
-Aún no – sus brazos musculosos me levantan y me vuelve a colocar sobre el sillón. Noto los latidos de mi corazón en los oídos. – No está mal. Ha sido una media de diez minutos por miedo, lo que hace un total de una hora y cuarenta minutos.
¿Tanto? Noto una ligera presión sobre el pecho. Esta parte de la iniciación es importante y no lo he hecho todo lo bien que esperaba. ¿Por qué Stan no me habló de enfrentarme a mis miedos? Podría haber intentado descubrir la manera de enfrentarme a ellos. ¿O no? Hace dos horas jamás habría pensado que tendría miedo a la sangre o a… a mis momentos íntimos con Stan.
-Ahora bajarás por esa escalera de emergencia junto con Claire. – Pec señala a una estrecha puerta que hay en la pared. Me tiende la mano y la sujeto con fuerza. Esta vez, las piernas no me fallan.
Asiento y me dirijo a la puerta con la otra monitora. Descendemos por unas escaleras a oscuras hasta llegar a un extraño pasillo de paredes grises que me traen el recuerdo de la facción de Abnegación a la cabeza. Claire me conduce por el pasillo hasta llegar a unas gruesas puertas de hierro negro. Me balanceo sobre la punta de los pies, mientras ella las empuja con fuerza para abrirlas. Nos llevan al vestíbulo de suelo acristalado. Bajamos por la trampilla y las escaleras de hierro hasta sumergirnos de nuevo en la extraña oscuridad de la cueva. Mientras camino por los bordes de piedra, noto como la adrenalina corre por mis venas y el corazón me late con fuerza mientras miro hacia el fondo de El Foso. La sensación es increíble. Claire se adentra en uno de los oscuros túneles que hay en la roca y yo la sigo. Sólo hay unas cuantas luces cada cinco metros, que no son suficientes para iluminar el pasillo por completo, y lo que hace que el entorno sea mucho más excitante.
-Te dejo aquí - me susurra Claire. Hemos caminado en silencio, pero no era un silencio incómodo. Apenas he sido consciente de su presencia con tanto por ver y descubrir en este nuevo lugar al que dentro de poco podré llamar hogar - Al final del pasillo hay una habitación: la habitación de los iniciados trasladados. Encontrarás ropa y todo lo que necesites. La cena se servirá en dos horas, en el comedor. Pec o yo vendremos a buscaros. - Y dicho esto, se da la vuelta y deja que la oscuridad la envuelva.
La habitación es enorme, y cuenta con cinco literas. Apenas he terminado de entrar cuando un grito ensordecedor llena la habitación, y un fuerte golpe me hace caer al suelo.
-No pareces tan gallita ahora, ¿verdad?
Noto el sabor a sangre en mi boca. Parpadeo con fuerza para aclarar mi visión, que se ha vuelto borrosa. Estoy tumbada sobre el frío suelo y desde aquí puedo ver a mi hermana, retenida por el chico de Cordialidad, que me mira con una cara llena de preocupación. El siguiente golpe me deja sin respiración. Ha sido justo en el pecho. Es la rabia la que me conduce, la que me permite ponerme en pie. Escupo con fuerza a la cara del chico veraz contra el que me enfrenté en el pasillo, justo antes de entrar en nuestros pasajes del miedo. La cara del chico está algo desfigurada. Ahora que me fijo, casi todos los de la sala parecen estar ausentes. Incluido Royce, que está sentado en una cama, con la cabeza entre las manos. Parece que nadie nos esté mirando a mí o al chico, y doy con la razón inmediatamente: el pasaje del miedo los ha dejado a todos exhaustos y oprimidos. Y puede que esa sea la razón por la que el chico que hay frente a mí, mirándome con una cara llena de odio, haya decidido vaciar sus emociones conmigo. Va a golpearme hasta desahogarse, y pretende que yo lo permita.
Se limpia la sangre de mi labio partido de la cara y su mirada se endurece. Pero no le doy tiempo a que me ataque. Mi puño cerrado acierta en su cara y el chico se tambalea hacia atrás. Repito la acción varias veces, hasta que ya no puede retroceder más y se choca contra la pared. Le cae sangre de la nariz y la boca y comprendo por qué me ha atacado. Yo ahora me siento mucho mejor. He dejado mis miedos atrás. Me dispongo a pegarle de nuevo, pero unos brazos me sujetan y me alejan del chico. Es entonces cuando comienzo a gritar y a patalear en el aire, perdiendo el control.
Quiero pegarle.
Necesito pegarle.
-¡Vas a matarlo!
-¡Suéltame, Royce! - exclamo cuando reconozco la voz del otro chico de mi facción.
En brazos, y conmigo aun forcejeando, me conduce a una habitación paralela y cuando aún no me ha soltado en el suelo, un chorro de agua fría cae sobre mí, empapándonos a ambos. Cierro los ojos, sin dejar de forcejear, para que no me entre agua en los ojos. Unos minutos después me rindo, y Royce me deja en el suelo con delicadeza. El agua helada sigue cayendo sobre mí. Me despeja y me relaja. Abro los ojos un poco, lo suficiente para ver que Royce me tiene atrapada entre sus brazos, apoyados en la pared que tengo justo detrás. Está cerca, demasiado cerca, y me pongo en tensión en cuanto sus ojos se clavan en los míos.
-Aléjate de mí – consigo decir en un susurro, y al fin, todas las emociones del día me golpean, agotándome.
-Necesito saber cómo estás. Te ha dado una fuerte patada en el pecho – el susurro de Royce se convierte en un jadeo cuando ambos notamos que el agua se vuelve más fría. Bajo la mirada hacia mi escotada camiseta de tirantes. Mañana será mejor que me ponga algo que me cubra más, porque seguro que tendré una marca morada.
-Estoy bien – susurro – O al menos ahora que la adrenalina sigue corriendo por mis venas.
Una fugaz sonrisa ilumina su rostro, y sus ojos se entornan. Antes de que su estado de excitación vaya en aumento, me doy la vuelta y cierro el grifo de la ducha. La pared está llena de tuberías y duchas visibles. Le doy un pequeño empujón, suficientemente fuerte como para que se aparte, y salgo de nuevo al dormitorio principal. Busco al chico veraz con la mirada, pero no lo encuentro, así que me dirijo hacia mi hermana, que sigue sentada junto al chico cordial.
-¡Eleanor! - exclama cuando me ve, y avanza hacia mí decidida a abrazarme, aunque se detiene cuando ve que estoy empapada – Hay algo de ropa negra sobre tu cama. Te he cogido la litera de arriba.
Le sonrío complacida y me acerco hacia la litera que me ha dicho. Me cambio de ropa allí, delante del resto de iniciados, sin importarme. Royce sale unos minutos más tarde de la sala de duchas, cuando estoy terminando de vestirme, y me escruta con curiosidad. Yo le fulmino con la mirada y me subo a la litera (la cual no tiene escaleras) para tumbarme sobre la dura almohada.
-¿Qué tal ha ido? - la voz de mi hermana interrumpe mi momento de paz, y yo me giro para ver como apoya la barbilla sobre el incómodo colchón.
-No ha estado mal – me apoyo sobre el codo, decidida a no contarle detalles sobre mi evolución en la iniciación - ¿Y tú?
-Se han sorprendido – dice, encogiéndose de hombros.
Esto me asusta. ¿Sorprendidos? Eso significa que mi hermana ha hecho algo diferente, extraño. Me golpeo con fuerza la frente con la mano.
-Tardaste muy poco – susurro.
-Eso es lo que les sorprendió – mira a un lado y a otro para después añadir, aún más bajo – Mi número de miedos es inferior al normal.
Esto me hace enfadar. Yo tengo diez miedos, algo normal, y mi hermana tiene un número inferior. Genial. Mi hermana superará las expectativas a la hora de la simulación mientras que yo tendré que aguantarme con una nota alta en combate, solamente. Frunzo el ceño y me tumbo boca arriba, decidida a no hablarle hasta que se me pase el enfado. ¿Por qué ha tenido que elegir Osadía.
-¡Eh, despierta! - me sobresalto cuando Chloe me zarandea en el colchón y, al abrir los ojos, descubro que Pec está en la puerta. Me giro para quedarme con las piernas colgando en el aire.
-Bienvenidos al complejo de Osadía, trasladados. Como ya os dije antes, me llamo Pec y seré vuestro monitor. Haréis lo que yo os diga y cuando yo os diga, ¿entendido? - no nos deja tiempo para responder – Ya habéis pasado por vuestro pasaje del miedo y, lo que toca ahora, es prepararos para mejorar. Os levantaréis todas las mañanas a las seis y el que se quede durmiendo que sepa que tendrá un pasito más hacia el sector abandonado. No permitiré que los iniciados a mi cargo peleen fuera de la sala de entrenamientos – al decir esto, le lanza una fugaz mirada al chico veraz, que tiene el labio morado y la nariz cubierta de una extraña sustancia blanca. – Os recomiendo que asistáis a todas las sesiones de entrenamiento – por su noto de voz, no parece una mera recomendación – y tendréis que aprovechar vuestros momentos de descanso. Esto será duro. Por lo demás, creo que lo he dicho todo. Y, ahora, ha llegado la hora de ir a comer.
Esto me alegra. Estoy hambrienta.
Todos lo seguimos, recorriendo el oscuro pasillo que nos ha conducido previamente hasta nuestra habitación. Ahora, todos vestimos de negro, y nos confundimos entre los osados cuando llegamos al Foso. El comedor es una sala enorme, llena de mesas y de osados gritando y haciendo ruido. Todos se van sentando en las mesas, la mayoría de ellos según su antigua facción. Yo sigo a mi hermana y, poco después, se nos unen el cordial y la abnegada.
-Gracias por sujetar antes a mi hermana – le susurro al cordial, Julián, que me dedica una amplia sonrisa de cordial.
Mi hermana no deja de hablar con los dos chicos. Descubro que ha establecido una buena amistad con Julian quien, al igual que ella, no deja de hablar, como todos los cordiales. La chica, Thais, es mucho más reservada, o estirada, según se vea. Yo me mantengo al margen de la conversación y comienzo a darle vueltas a mis miedos. Ahora que pienso en ellos no siento miedo, sino admiración. Recuerdo a mi madre, reprochándome la muerte de Chloe, y tengo que reprimir una carcajada. A menudo me pregunto cómo es posible que alguien sea capaz de herir a mi hermana, la persona más simpática y cariñosa de toda la ciudad.
-¡Eh, erudita! - una fuerte palmada en la espalda me hace ponerme de pie de un salto, dejando de lado mi hamburguesa. Pero no es nadie peligroso, sino Willa y su amiga del tren, Sheyla. - Me han dicho que le has pegado una paliza a Bruce.
Busco por el comedor al chico veraz y cuál es mi sorpresa al descubrir que me mira fijamente. Sonrío con malicia y le saludo con la mano. Con que Bruce...
-Eres dura de pelar – Sheyla, una impresionante rubia de ojos verdes apoya su hombro sobre el mío – Pero ten cuidado ahora. Bruce tiene amistades en Osadía. ¿Ves a Estella, la que hay sentada a su lado? - distingo a la chica osada que entró primero en la sala del pasaje del miedo, la que intentó pegarme junto a Bruce en el pasillo – Es su prima. Y Brand, el moreno de pelo largo que hay sentado junto a ella – ahí está el segundo osado del pasillo – es la inseparable mano derecha de ésta. Bruce es un imbécil, pero Estella es peligrosa. No la subestimes.
-¿Por qué me contáis esto? - pregunto sin apartar la vista de Estella, la chica del pelo tintado – Se supone que somos contrincantes en esta iniciación.
-Bueno, sí... - Willa me sonríe de forma cómplice – Pero a partir de la segunda mitad de la primera fase. Y contigo podemos hacer una excepción. No soportamos a Estella. Oye, ¿quieres sentarte con nosotros? - señala hacia una mesa en la que hay dos osados sentados, el segundo saltador y Conor, el chico del tren.
Ahora es el momento de elegir entre mi propia iniciación, con la que he soñado siempre, y disfrutar de ella; o pensar en la chica que hay sentada a mi lado y me observa embobada.
-Lo siento, me sentaré con mi hermana. Tal vez otro día. - Willa pone cara de frustración y Sheyla se encoge de hombros.
-Entonces, ya nos veremos. - asiento y me despido de ellas antes de volver a sentarme y maldecir mi suerte.
Por la noche, descubro que la cama de Bruce está enfrente de nuestra litera. No me da miedo, pero tampoco me hace gracia que un chico que no dudaría en matarme esté tan cerca de mí mientras duermo. Así que busco a Royce con la mirada, cuya cama está más cerca de lo que me gustaría,
-¡Eh, Royce!- lo llamo, y todos guardan silencio para escucharme - ¿También me detendrás si esta noche le pego una paliza a otro iniciado? - pone los ojos en blanco y se tumba dándome la espalda, así que puedo sonreír divertida – Ten cuidado – me giro para clavar los ojos en Bruce, que me mira atónito – o pasarás el resto de las noches despierto.
Ignora mi amenaza, o al menos finge hacerlo.
-Deja de jugar con fuego, Eleanor – la cabeza de mi hermana vuelve a aparecer por el borde del colchón.
-Tú tampoco deberías haber jugado con fuego esta mañana – le susurro, y me tumbo boca abajo para ignorarla, porque sigo cabreada con ella, y más ahora que he recordado el momento en el que dejó que su sangre cayera sobre las brasas.
Ojalá no hubiera escogido Osadía.
Tal y como me temía, a pesar de mi agotamiento, no duermo. No dejo de dar vueltas en la cama y lanzar miradas furtivas a la litera que hay frente a la mía, donde Bruce duerme perfectamente, como puedo comprobar gracias a sus ronquidos. También oigo como uno de los iniciados que hay al fondo de la sala no deja de moverse y susurrar cosas incoherentes, producto de una pesadilla. ¿Estará soñando con aquello que lo ha atormentado en su pasaje del miedo? No sería de extrañar.
Horas más tarde, las luces de la sala se encienden. Cierro los ojos para no deslumbrarme al mismo tiempo que la sala se llena de maldiciones del resto de iniciados. Cojo ropa limpia del cajón metálico que hay a los pies de la litera y entro en las duchas, donde disfruto del agua fría. Cuando salgo, he sido la primera en terminar, por lo que me visto con calma y me marcho al comedor, donde unos minutos más tarde entra mi hermana con su nueva pareja de amigos. Me enfurece verla con el cordial y la abnegada, lo que solo hace que llame aún más la atención. Cuando terminamos de desayunar, Pec nos llama y nos reunimos en la entrada del comedor, en el Foso. Nos conduce por el borde hasta que llegamos a un túnel con una gran apertura en la roca que da lugar a una habitación inmensa. En la pared que hay frente a nosotros hay numerosas dianas y varias mesas con cuchillos y pistolas. A la derecha hay sacos para golpear. También hay un círculo en el centro de la sala, pintado sobre el suelo. Al verlo se me eriza la piel: ahí me sentiré poderosa.
-Hoy empezaremos con la lucha cuerpo a cuerpo – anuncia Pec cuando hemos entrado todos en el gran espacio – y mañana pasaremos a puntería. Así que, elegid cada uno un saco al que golpearle.
-¿Sólo eso? – susurra mi hermana a mi lado, a quien no le he dirigido la palabra en toda la mañana.
Sonrío con malicia y comienzo a caminar hacia los sacos.
-Esto es tan solo el entrenamiento, Chloe.
Estamos en una simulación, estoy segura de ello. Y en ella ha aparecido mi madre, la única persona capaz de intimidarme. ¿Es miedo lo que siento hacia ella? Me niego a creerlo. No. No es miedo. Estoy segura. Si fuera así, no habría desafiado sus normas y su esquema de familia erudita. Si le tuviera miedo, no me hubiera escapado todas las noches desde que tengo doce años.
-Has matado a tu hermana – su voz me hiela la piel. Es fría, toda ella.
-No. No la he matado.
-Morirá por tu culpa. Esos hombres la matarán por tu culpa. – la rabia llena sus ojos.
Pienso en los hombres que la torturaban y cómo hace pocos segundos destrocé el espejo, la única ventana que me permitía ver su rostro. Pero, ¿y si no se refiriera solo a ellos? He leído documentos en la sede de Erudición que hablaban sobre las numerosas muertes en Osadía durante la iniciación. Al parecer, han incrementado la dificultad de las pruebas y los iniciados han comenzado a matarse entre ellos. ¿Se referirá a eso mi madre? Si matan a Chloe durante la iniciación… será culpa mía. Yo la he conducido a este lugar.
-Si no hubieras actuado siempre de hermana protectora podría vivir por sí misma.
Me dejo caer de rodillas contra el frío suelo. Ni siquiera sé dónde estoy. Cierro los ojos y me tapo los oídos con ambas manos, intentando dejar de escuchar a la mujer que hay enfrente de mí. Sin embargo, sus palabras siguen resonando en mi cabeza.
-Ella es fuerte y poderosa, pero tú le has arrebatado su poder. La has eclipsado y le has impedido que muestre cómo es en realidad.
¿Cómo es en realidad? Quiero gritarle que se calle, pero el tormento de los pensamientos me lo impide. Y comienzo a temblar. Esto es más duro de lo que nadie imagina. Todos esos iniciados osados se han entrenado toda su vida para esto, y los iniciados trasladados al menos tienen cualidades para osadía. ¿Qué tiene Chloe? No tienen nada, absolutamente nada. Comienzo a llorar. Tal vez si, como dice mi madre, me hubiera alejado de ella, habría podido elegir libremente su camino.
¿Qué tiene Chloe? Necesito pensar con claridad y salir de esta horrible visión que me atormenta. Necesito dejar de escuchar a mi madre. Necesito dejar de oír que seré la responsable de la muerte de mi hermana. Porque sobrevivirá.
Pero, ¿y si muere?
-No morirá – respondo, aunque mi voz apenas es un murmullo.
¿Qué tiene Chloe?
-Me tiene a mí – sueno fuerte y poderosa al afirmar esto y, al abrir los ojos, descubro aliviada que mi madre no está enfrente de mí.
-Diez miedos, Eleanor. – la voz de Pec resulta cálida y familiar una vez que he superado ese infierno.
Diez miedos. He dejado de contarlos antes de llegar a la mitad de ellos.
Asiento y bajo del sillón, pero Pec tiene que cogerme para que no me caiga de bruces. Las piernas me fallan.
-Aún no – sus brazos musculosos me levantan y me vuelve a colocar sobre el sillón. Noto los latidos de mi corazón en los oídos. – No está mal. Ha sido una media de diez minutos por miedo, lo que hace un total de una hora y cuarenta minutos.
¿Tanto? Noto una ligera presión sobre el pecho. Esta parte de la iniciación es importante y no lo he hecho todo lo bien que esperaba. ¿Por qué Stan no me habló de enfrentarme a mis miedos? Podría haber intentado descubrir la manera de enfrentarme a ellos. ¿O no? Hace dos horas jamás habría pensado que tendría miedo a la sangre o a… a mis momentos íntimos con Stan.
-Ahora bajarás por esa escalera de emergencia junto con Claire. – Pec señala a una estrecha puerta que hay en la pared. Me tiende la mano y la sujeto con fuerza. Esta vez, las piernas no me fallan.
Asiento y me dirijo a la puerta con la otra monitora. Descendemos por unas escaleras a oscuras hasta llegar a un extraño pasillo de paredes grises que me traen el recuerdo de la facción de Abnegación a la cabeza. Claire me conduce por el pasillo hasta llegar a unas gruesas puertas de hierro negro. Me balanceo sobre la punta de los pies, mientras ella las empuja con fuerza para abrirlas. Nos llevan al vestíbulo de suelo acristalado. Bajamos por la trampilla y las escaleras de hierro hasta sumergirnos de nuevo en la extraña oscuridad de la cueva. Mientras camino por los bordes de piedra, noto como la adrenalina corre por mis venas y el corazón me late con fuerza mientras miro hacia el fondo de El Foso. La sensación es increíble. Claire se adentra en uno de los oscuros túneles que hay en la roca y yo la sigo. Sólo hay unas cuantas luces cada cinco metros, que no son suficientes para iluminar el pasillo por completo, y lo que hace que el entorno sea mucho más excitante.
-Te dejo aquí - me susurra Claire. Hemos caminado en silencio, pero no era un silencio incómodo. Apenas he sido consciente de su presencia con tanto por ver y descubrir en este nuevo lugar al que dentro de poco podré llamar hogar - Al final del pasillo hay una habitación: la habitación de los iniciados trasladados. Encontrarás ropa y todo lo que necesites. La cena se servirá en dos horas, en el comedor. Pec o yo vendremos a buscaros. - Y dicho esto, se da la vuelta y deja que la oscuridad la envuelva.
La habitación es enorme, y cuenta con cinco literas. Apenas he terminado de entrar cuando un grito ensordecedor llena la habitación, y un fuerte golpe me hace caer al suelo.
-No pareces tan gallita ahora, ¿verdad?
Noto el sabor a sangre en mi boca. Parpadeo con fuerza para aclarar mi visión, que se ha vuelto borrosa. Estoy tumbada sobre el frío suelo y desde aquí puedo ver a mi hermana, retenida por el chico de Cordialidad, que me mira con una cara llena de preocupación. El siguiente golpe me deja sin respiración. Ha sido justo en el pecho. Es la rabia la que me conduce, la que me permite ponerme en pie. Escupo con fuerza a la cara del chico veraz contra el que me enfrenté en el pasillo, justo antes de entrar en nuestros pasajes del miedo. La cara del chico está algo desfigurada. Ahora que me fijo, casi todos los de la sala parecen estar ausentes. Incluido Royce, que está sentado en una cama, con la cabeza entre las manos. Parece que nadie nos esté mirando a mí o al chico, y doy con la razón inmediatamente: el pasaje del miedo los ha dejado a todos exhaustos y oprimidos. Y puede que esa sea la razón por la que el chico que hay frente a mí, mirándome con una cara llena de odio, haya decidido vaciar sus emociones conmigo. Va a golpearme hasta desahogarse, y pretende que yo lo permita.
Se limpia la sangre de mi labio partido de la cara y su mirada se endurece. Pero no le doy tiempo a que me ataque. Mi puño cerrado acierta en su cara y el chico se tambalea hacia atrás. Repito la acción varias veces, hasta que ya no puede retroceder más y se choca contra la pared. Le cae sangre de la nariz y la boca y comprendo por qué me ha atacado. Yo ahora me siento mucho mejor. He dejado mis miedos atrás. Me dispongo a pegarle de nuevo, pero unos brazos me sujetan y me alejan del chico. Es entonces cuando comienzo a gritar y a patalear en el aire, perdiendo el control.
Quiero pegarle.
Necesito pegarle.
-¡Vas a matarlo!
-¡Suéltame, Royce! - exclamo cuando reconozco la voz del otro chico de mi facción.
En brazos, y conmigo aun forcejeando, me conduce a una habitación paralela y cuando aún no me ha soltado en el suelo, un chorro de agua fría cae sobre mí, empapándonos a ambos. Cierro los ojos, sin dejar de forcejear, para que no me entre agua en los ojos. Unos minutos después me rindo, y Royce me deja en el suelo con delicadeza. El agua helada sigue cayendo sobre mí. Me despeja y me relaja. Abro los ojos un poco, lo suficiente para ver que Royce me tiene atrapada entre sus brazos, apoyados en la pared que tengo justo detrás. Está cerca, demasiado cerca, y me pongo en tensión en cuanto sus ojos se clavan en los míos.
-Aléjate de mí – consigo decir en un susurro, y al fin, todas las emociones del día me golpean, agotándome.
-Necesito saber cómo estás. Te ha dado una fuerte patada en el pecho – el susurro de Royce se convierte en un jadeo cuando ambos notamos que el agua se vuelve más fría. Bajo la mirada hacia mi escotada camiseta de tirantes. Mañana será mejor que me ponga algo que me cubra más, porque seguro que tendré una marca morada.
-Estoy bien – susurro – O al menos ahora que la adrenalina sigue corriendo por mis venas.
Una fugaz sonrisa ilumina su rostro, y sus ojos se entornan. Antes de que su estado de excitación vaya en aumento, me doy la vuelta y cierro el grifo de la ducha. La pared está llena de tuberías y duchas visibles. Le doy un pequeño empujón, suficientemente fuerte como para que se aparte, y salgo de nuevo al dormitorio principal. Busco al chico veraz con la mirada, pero no lo encuentro, así que me dirijo hacia mi hermana, que sigue sentada junto al chico cordial.
-¡Eleanor! - exclama cuando me ve, y avanza hacia mí decidida a abrazarme, aunque se detiene cuando ve que estoy empapada – Hay algo de ropa negra sobre tu cama. Te he cogido la litera de arriba.
Le sonrío complacida y me acerco hacia la litera que me ha dicho. Me cambio de ropa allí, delante del resto de iniciados, sin importarme. Royce sale unos minutos más tarde de la sala de duchas, cuando estoy terminando de vestirme, y me escruta con curiosidad. Yo le fulmino con la mirada y me subo a la litera (la cual no tiene escaleras) para tumbarme sobre la dura almohada.
-¿Qué tal ha ido? - la voz de mi hermana interrumpe mi momento de paz, y yo me giro para ver como apoya la barbilla sobre el incómodo colchón.
-No ha estado mal – me apoyo sobre el codo, decidida a no contarle detalles sobre mi evolución en la iniciación - ¿Y tú?
-Se han sorprendido – dice, encogiéndose de hombros.
Esto me asusta. ¿Sorprendidos? Eso significa que mi hermana ha hecho algo diferente, extraño. Me golpeo con fuerza la frente con la mano.
-Tardaste muy poco – susurro.
-Eso es lo que les sorprendió – mira a un lado y a otro para después añadir, aún más bajo – Mi número de miedos es inferior al normal.
Esto me hace enfadar. Yo tengo diez miedos, algo normal, y mi hermana tiene un número inferior. Genial. Mi hermana superará las expectativas a la hora de la simulación mientras que yo tendré que aguantarme con una nota alta en combate, solamente. Frunzo el ceño y me tumbo boca arriba, decidida a no hablarle hasta que se me pase el enfado. ¿Por qué ha tenido que elegir Osadía.
-¡Eh, despierta! - me sobresalto cuando Chloe me zarandea en el colchón y, al abrir los ojos, descubro que Pec está en la puerta. Me giro para quedarme con las piernas colgando en el aire.
-Bienvenidos al complejo de Osadía, trasladados. Como ya os dije antes, me llamo Pec y seré vuestro monitor. Haréis lo que yo os diga y cuando yo os diga, ¿entendido? - no nos deja tiempo para responder – Ya habéis pasado por vuestro pasaje del miedo y, lo que toca ahora, es prepararos para mejorar. Os levantaréis todas las mañanas a las seis y el que se quede durmiendo que sepa que tendrá un pasito más hacia el sector abandonado. No permitiré que los iniciados a mi cargo peleen fuera de la sala de entrenamientos – al decir esto, le lanza una fugaz mirada al chico veraz, que tiene el labio morado y la nariz cubierta de una extraña sustancia blanca. – Os recomiendo que asistáis a todas las sesiones de entrenamiento – por su noto de voz, no parece una mera recomendación – y tendréis que aprovechar vuestros momentos de descanso. Esto será duro. Por lo demás, creo que lo he dicho todo. Y, ahora, ha llegado la hora de ir a comer.
Esto me alegra. Estoy hambrienta.
Todos lo seguimos, recorriendo el oscuro pasillo que nos ha conducido previamente hasta nuestra habitación. Ahora, todos vestimos de negro, y nos confundimos entre los osados cuando llegamos al Foso. El comedor es una sala enorme, llena de mesas y de osados gritando y haciendo ruido. Todos se van sentando en las mesas, la mayoría de ellos según su antigua facción. Yo sigo a mi hermana y, poco después, se nos unen el cordial y la abnegada.
-Gracias por sujetar antes a mi hermana – le susurro al cordial, Julián, que me dedica una amplia sonrisa de cordial.
Mi hermana no deja de hablar con los dos chicos. Descubro que ha establecido una buena amistad con Julian quien, al igual que ella, no deja de hablar, como todos los cordiales. La chica, Thais, es mucho más reservada, o estirada, según se vea. Yo me mantengo al margen de la conversación y comienzo a darle vueltas a mis miedos. Ahora que pienso en ellos no siento miedo, sino admiración. Recuerdo a mi madre, reprochándome la muerte de Chloe, y tengo que reprimir una carcajada. A menudo me pregunto cómo es posible que alguien sea capaz de herir a mi hermana, la persona más simpática y cariñosa de toda la ciudad.
-¡Eh, erudita! - una fuerte palmada en la espalda me hace ponerme de pie de un salto, dejando de lado mi hamburguesa. Pero no es nadie peligroso, sino Willa y su amiga del tren, Sheyla. - Me han dicho que le has pegado una paliza a Bruce.
Busco por el comedor al chico veraz y cuál es mi sorpresa al descubrir que me mira fijamente. Sonrío con malicia y le saludo con la mano. Con que Bruce...
-Eres dura de pelar – Sheyla, una impresionante rubia de ojos verdes apoya su hombro sobre el mío – Pero ten cuidado ahora. Bruce tiene amistades en Osadía. ¿Ves a Estella, la que hay sentada a su lado? - distingo a la chica osada que entró primero en la sala del pasaje del miedo, la que intentó pegarme junto a Bruce en el pasillo – Es su prima. Y Brand, el moreno de pelo largo que hay sentado junto a ella – ahí está el segundo osado del pasillo – es la inseparable mano derecha de ésta. Bruce es un imbécil, pero Estella es peligrosa. No la subestimes.
-¿Por qué me contáis esto? - pregunto sin apartar la vista de Estella, la chica del pelo tintado – Se supone que somos contrincantes en esta iniciación.
-Bueno, sí... - Willa me sonríe de forma cómplice – Pero a partir de la segunda mitad de la primera fase. Y contigo podemos hacer una excepción. No soportamos a Estella. Oye, ¿quieres sentarte con nosotros? - señala hacia una mesa en la que hay dos osados sentados, el segundo saltador y Conor, el chico del tren.
Ahora es el momento de elegir entre mi propia iniciación, con la que he soñado siempre, y disfrutar de ella; o pensar en la chica que hay sentada a mi lado y me observa embobada.
-Lo siento, me sentaré con mi hermana. Tal vez otro día. - Willa pone cara de frustración y Sheyla se encoge de hombros.
-Entonces, ya nos veremos. - asiento y me despido de ellas antes de volver a sentarme y maldecir mi suerte.
Por la noche, descubro que la cama de Bruce está enfrente de nuestra litera. No me da miedo, pero tampoco me hace gracia que un chico que no dudaría en matarme esté tan cerca de mí mientras duermo. Así que busco a Royce con la mirada, cuya cama está más cerca de lo que me gustaría,
-¡Eh, Royce!- lo llamo, y todos guardan silencio para escucharme - ¿También me detendrás si esta noche le pego una paliza a otro iniciado? - pone los ojos en blanco y se tumba dándome la espalda, así que puedo sonreír divertida – Ten cuidado – me giro para clavar los ojos en Bruce, que me mira atónito – o pasarás el resto de las noches despierto.
Ignora mi amenaza, o al menos finge hacerlo.
-Deja de jugar con fuego, Eleanor – la cabeza de mi hermana vuelve a aparecer por el borde del colchón.
-Tú tampoco deberías haber jugado con fuego esta mañana – le susurro, y me tumbo boca abajo para ignorarla, porque sigo cabreada con ella, y más ahora que he recordado el momento en el que dejó que su sangre cayera sobre las brasas.
Ojalá no hubiera escogido Osadía.
Tal y como me temía, a pesar de mi agotamiento, no duermo. No dejo de dar vueltas en la cama y lanzar miradas furtivas a la litera que hay frente a la mía, donde Bruce duerme perfectamente, como puedo comprobar gracias a sus ronquidos. También oigo como uno de los iniciados que hay al fondo de la sala no deja de moverse y susurrar cosas incoherentes, producto de una pesadilla. ¿Estará soñando con aquello que lo ha atormentado en su pasaje del miedo? No sería de extrañar.
Horas más tarde, las luces de la sala se encienden. Cierro los ojos para no deslumbrarme al mismo tiempo que la sala se llena de maldiciones del resto de iniciados. Cojo ropa limpia del cajón metálico que hay a los pies de la litera y entro en las duchas, donde disfruto del agua fría. Cuando salgo, he sido la primera en terminar, por lo que me visto con calma y me marcho al comedor, donde unos minutos más tarde entra mi hermana con su nueva pareja de amigos. Me enfurece verla con el cordial y la abnegada, lo que solo hace que llame aún más la atención. Cuando terminamos de desayunar, Pec nos llama y nos reunimos en la entrada del comedor, en el Foso. Nos conduce por el borde hasta que llegamos a un túnel con una gran apertura en la roca que da lugar a una habitación inmensa. En la pared que hay frente a nosotros hay numerosas dianas y varias mesas con cuchillos y pistolas. A la derecha hay sacos para golpear. También hay un círculo en el centro de la sala, pintado sobre el suelo. Al verlo se me eriza la piel: ahí me sentiré poderosa.
-Hoy empezaremos con la lucha cuerpo a cuerpo – anuncia Pec cuando hemos entrado todos en el gran espacio – y mañana pasaremos a puntería. Así que, elegid cada uno un saco al que golpearle.
-¿Sólo eso? – susurra mi hermana a mi lado, a quien no le he dirigido la palabra en toda la mañana.
Sonrío con malicia y comienzo a caminar hacia los sacos.
-Esto es tan solo el entrenamiento, Chloe.
Y en cuanto lo digo aparece una enorme duda en mi cabeza: ¿cómo voy a conseguir que mi hermana venza en una lucha cuerpo a cuerpo? Peor aún. ¿Cómo voy a conseguir que mi hermana luche siquiera?
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